El 26 de octubre, 19 millones de personas en Kenya estaban llamadas a votar en las presidenciales tras la anulación de la convocatoria de agosto.

Kenia. Después de votar, ¿de qué tenemos miedo?

Las elecciones presidenciales de agosto fueron anuladas y se repitieron en octubre. En un clima difícil, entre miedo a los conflictos y desafección, la comunidad de CL se ha puesto a trabajar… Esto es lo que ha pasado

En agosto de este año se celebraron las elecciones políticas en Kenia. Considerando que los ciudadanos con derecho a voto eran 19 millones, se puede imaginar fácilmente la movilización que supuso la jornada. Cuando los datos del primer escrutinio resultaron a favor del presidente en el cargo, la oposición se dirigió al Tribunal Supremo, que tomó la decisión histórica de repetir la votación.

Esto generó preocupación y agitación en todo el país. Hay motivos de sobra para la repetición electoral, ya desde las calientes campañas electorales de los dos candidatos principales. La gente tenía un poco de miedo, pues en el pasado ya se habían sufrido episodios de violencia relacionados con convocatorias electorales.

El Papa, al término de su Ángelus del 22 de octubre, pidió al pueblo de Kenia permanecer unido para afrontar las dificultades en un clima de diálogo constructivo. Pero muchos han empezado a desinteresarse por la política, evitando implicarse en el debate o en cualquier iniciativa de carácter político.

El presidente reelegido, Uhruru Kenyatta

La comunidad de CL, como cualquier otra comunidad cristiana, no era inmune a este clima de tensión. El riesgo de olvidar lo que hemos compartido en nuestra experiencia y volver a caer en el juicio “de todos” sobre la situación existe, y la tendencia a referirnos a nuestras “identidades”, a la pertenencia a nuestras tribus, siempre está ahí. Al mismo tiempo, la apatía hacia la política puede ser un camino fácil para huir de la realidad.

A partir de esta premisa compartimos varios momentos, invitando a amigos y a todos los que pudieran estar interesados a vivir juntos esta llamada de la política de un modo positivo. «¿Qué enfoque es el correcto para juzgar esta situación? ¿Por qué deberíamos implicarnos en las cuestiones políticas? ¿Nuestra salvación sigue siendo interesante en las circunstancias que tenemos?». Estas son las preguntas que nos planteamos y a las que quisimos intentar responder con varios encuentros.

En mayo, un grupo de amigos nuestros prepararon un manifiesto, “Es el tiempo de nuestra esperanza”, como juicio común sobre la situación, y lo repartimos entre la gente, en las iglesias, por todas partes. Nos ayudó a darnos cuenta de que nuestra política nacional, a pesar de años de negatividad, estaba empezando a generar lentamente una esperanza para las masas. A pesar de lo mucho que estaba en juego y las declaraciones aparentemente desconsideradas de ciertos líderes y de la prensa por hacer creer que la nación estaba al borde de un precipicio, todavía era posible un espacio de diálogo capaz de acoger. Los obispos católicos de Kenia guiaron a un grupo de negociadores por el diálogo entre los dos principales candidatos a la presidencia y, aunque nunca consiguieron sentarlos a debatir en la misma mesa, se extendió un gran espíritu de reconciliación. El país estaba volviendo lentamente a la calma que permite continuar construyendo un diálogo.

Para afrontar esta situación nos resultaron muy útiles como criterios de referencia los tres niveles de juicio sobre la política que nos enseñó don Giussani, es decir, que el primer nivel de eficacia en política de una comunidad cristiana viva es su propia existencia. Por tanto, que una comunidad cristiana auténtica vive en constante relación con el resto de la humanidad. Y que luego está el compromiso político directo por parte de algunos, que se comprometen en la búsqueda de instrumentos eficaces a nivel político.

Repartiendo el documento entre las diversas comunidades, resultaba evidente que nuestra participación en la vida política es una responsabilidad y no una opción. En junio invitamos a algunos candidatos a discutir, reflexionar y compartir sus experiencias sobre cómo y por qué la política es importante. También les dimos a ellos el manifiesto y, a su vez, nos ayudaron a comprender los objetivos de los partidos y sus programas.

Rayla Odinga, el candidato derrotado

Tras la anulación de las primeras elecciones, invitamos a Charles Kanjama, cristiano, famoso abogado constitucionalista y comentarista político, a ayudarnos a descifrar la “jerga jurídica” de la resolución y el significado que esta decisión podía suponer para nosotros. Charles nos recordó que, como cristianos, tomar posición con un juicio claro era un criterio importante para determinar “si” o “cómo” votar. Describió el papel del cristiano y explicó por qué el bien común es importante para superar las divisiones étnicas.

Dos amigos nuestros fueron llamados a actuar como observadores electorales. Carol Ojuok, que forma parte de un organismo internacional, dijo: «No entiendo por qué Dios me ha elegido para esta tarea, pero lo haré sin dudar. Después de oír a mis amigos hablar de la importancia de implicarse en política, me doy cuenta de que debo hacerlo».

También Ignatius Juma, uno de los que habían colaborado en la redacción del manifiesto, observador en Kibera, una de las zonas más calientes y conflictivas, escribió: «Se ha difundido entre la gente una apatía colectiva ante las próximas elecciones y la política en general. En este escenario, ¿por qué tendríamos que seguir interesándonos en la política, con todos sus aspectos dramáticos, caóticos y conflictivos? Después de trabajar el documento, me doy cuenta de que la responsabilidad de cambiar las cosas es mía».

La Jornada de apertura de curso hizo renacer nuestro modo de vivir la política actual, exactamente igual que nuestra propia fe. Comentando los apuntes, Simon Kingori nos contaba cómo hemos construido muros altísimos para protegernos del “enemigo”, llegando incluso a tomar nuestras decisiones en función de los bandos étnicos para «que gane uno de los nuestros y nos proteja» de los otros. Y así acabamos descubriendo que el “enemigo” somos nosotros mismos, cuando queremos dejar todo lo que nos rodea fuera de nuestra vida y vivir en un cómodo “aislamiento”.

Otra ocasión para nuestra comunidad de vivir positivamente este tiempo llegó con la forma de una exposición sobre los monjes benedictinos en una parroquia, titulada “Con nuestras manos pero con Tu fuerza”. Después de verla, Maggie comentó: «Como madre, necesito que mis hijos puedan tener la mejor educación y el mejor ámbito en el que crecer. Esto me hace entender que tengo una responsabilidad respecto a lo que está pasando a mi alrededor. Después de ver la exposición y aprender cómo vivían los monjes sus responsabilidades, estoy decidida a crear yo también un ambiente bueno para mí y para mis hijos».

El periodo electoral, que temíamos que se convirtiera en un “monstruo” dispuesto a destruir la nación, ha transcurrido con alguna que otra escaramuza, incluso con algunas víctimas. Pero los momentos que hemos compartido nos han dado una certeza mayor de que todavía existe una esperanza para nuestra política, y que tenemos más razones que las que creemos para vivir. Don Giussani nos enseñó que ante los problemas reales y los desafíos de la vida, también sale a la luz lo más querido que tenemos.

Lorreine, Simon, Rahab, Daisy, Peter, Nairobi (Kenia)