Javier Prades: «El cristianismo es la única religión en que la revelación es una persona»

Luis Javier Moxó Soto


En el marco del XIV Congreso Católicos y Vida Pública, celebrado en Madrid (sede de la Universidad Ceu San Pablo en C/ Julián Romea, 23), ha tenido lugar en la tarde de hoy sábado, a las 16:30, una mesa redonda novedosa, interesante y esperada titulada: “Fe, razón y vida”. Entre creyentes y no creyentes.

Los participantes: Gabriel Albiac López (catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid y comentarista político), Francisco Vázquez y Vázquez (abogado y embajador de España) y Javier María Prades López (rector de la Universidad Eclesiástica San Dámaso). Como moderador actuó Ernesto Sáenz de Buruaga (periodista y presentador de ‘Así son las mañanas’ de la cadena COPE).

Gabriel Albiac comenzó su reflexión sobre la fe, la razón y la vida, desde el ámbito no creyente. Dijo que de la vida no sabía absolutamente nada, o ilusiones o alucinaciones (en el peor caso). Con Epicuro podría decir que sería el modo eufemístico de decir “muerte” o con Quevedo amar la vida con saber que es muerte. Puntualizó que no se trataba de un punto de vista pesimista sino un análisis ajustado o desajustado de la realidad. Citó también a Heráclito, Aristóteles y a Platón. A éste último en “La República” diciendo que sólo emprende el camino de la Filosofía aquel que pasa la frontera de la doxa (d??a) u opinión –conocimiento fenoménico, engañoso-, cuyo nivel más alto es la pistis (p?st??) o fe, creencia, para acceder al ámbito de la epistème (?p?st?µ?) o creencia justificada como verdad. Ése es el modo de operar o exigencia profesional del filósofo y así acabaría todo si no fuera por una rareza.

Esa rareza a la que se refería Albiac consiste en algo que para él tiene un interés intelectual de primer orden. El 24 de junio de 1959 el joven profesor Joseph Ratzinger pronunció su ‘lectio magistralis’ de inicio de carrera en la Universidad de Bonn, destacando la urgente cuestión acerca del divorcio moderno entre fe y razón, que cristalizó en la dicotomía pascaliana de 1654, entre el Dios de Abrahán, Isaac y Jacob y el de los filósofos, el de Descartes, como concepto garante de objetividad científica.

Por otro lado, el Dios de Aristóteles, el Primer Motor, Inteligencia o Pensamiento sería neutro más que personal o esto último sólo en sentido filosófico. Y probablemente centrado en sí mismo e incomunicado con los hombres. Con el cristianismo se pasa del politeísmo griego al monoteísmo bajo una cierta contaminación neoplatónica.

Javier Prades se refirió a que si bien la caridad ejercida por la Iglesia había sido tenida por muchos, en otros tiempos, como una actitud ridícula y asistencialista, hoy en día por esta situación grave de crisis que pasamos, el papel de asistencia social de la misma era visto como crucial. Hoy en día incluso en las intervenciones más críticas y agresivas contra la Iglesia no se agrede esta tarea social que ella tiene. Dijo que se daría un colapso social si la Iglesia dejara de hacer lo que hace. Y esto nos obliga a una nueva visión de fe y de razón, porque ya la fe no es un presupuesto obvio, no estamos en un tejido cultural cristiano. Tenemos que responder a las distintas necesidades sociales desde la acción fraterna impulsada por un Dios cercano, encarnado, un Dios amor, revelado en Jesucristo, y ésa es la razón del ejercicio real de la caridad.

Citando a san Agustín, dijo Javier Prades que, porque estamos hechos para reconocer las cosas sólo puede vencer la verdad, y que no hay otra forma de vencer con la verdad si no es también con la caridad. Caridad y verdad siempre unidas. Debido a la situación que vivimos, en medio de la realidad dramática en la que viven tantas personas y familias enteras, resulta una provocación muy fuerte para poner en el amor el ejercicio de la razón para comprender la realidad. Y en la línea de Benedicto XVI, del diálogo que él está realizando con la sociedad, es de donde recibimos la originalidad y la creatividad para poder responder a la crisis.

También dijo Javier Prades que tenemos que hacer el esfuerzo de pensar lo real con la razón, conocedores de la prioridad ontológica de la pregunta, pues eso es constitutivo de la persona. Hemos de recuperar la capacidad de suscitar preguntas. El cristianismo progresó en diálogo con los filósofos y no tanto con las demás religiones. Así tenemos, dijo, que ir hacia una fe madura, para que nuestra vida tenga una estatura humana.

Señaló también que el cristianismo, mucho más que una de las religiones del Libro, es la religión del Verbo hecho carne, hecho hombre. Es la única en la que la revelación es una persona, no un libro o un conocimiento.

Francisco Vázquez destacó la necesaria búsqueda de conciliación de las dicotomías fe-razón y ciencia-religión. También reflexionó acerca del relativismo total y absoluto imperante alentado en muchos casos por la izquierda. Recordó el discurso del Santo Padre en la Universidad de Ratisbona “Fe, razón y Universidad. Recuerdos y reflexiones” donde afirmó: “No actuar «con el logos» es contrario a la naturaleza de Dios”. Dijo Vázquez que era una gran respuesta respecto de las cuestiones de esa mesa redonda, pues la única manera de interrogarse sobre Dios es por medio de la razón.

También indicó que el maridaje fe-razón es importantísimo para marcar un camino de superación, de poner en valor los principios éticos y morales para dar dignidad a la persona humana. Citó al Santo Padre Benedicto XVI cuando el 24 de marzo de 2007, en un discurso a un congreso organizado con ocasión del 50º aniversario de la firma de los tratados de Roma, dijo: “no se puede pensar en edificar una auténtica "casa común" europea descuidando la identidad propia de los pueblos de nuestro continente. En efecto, se trata de una identidad histórica, cultural y moral, antes que geográfica, económica o política; una identidad constituida por un conjunto de valores universales, que el cristianismo ha contribuido a forjar, desempeñando así un papel no sólo histórico, sino también fundacional con respecto a Europa.” Relacionó así la vida como una rama del árbol de la fe y al razón, y que la ciencia ha dado una base de razón acerca de la vida, para defenderla.

Posteriormente hubo mayores precisiones y matizaciones sobre lo ya expuesto. También algunas preguntas del público entre las que destacó la de una religiosa teresiana de Enrique de Ossó, y que puso tanto a Gabriel Albiac como a Javier Prades en la cuestión de no emplear la razón de forma absoluta y reductiva en sí misma, cerrándose a una posible trascendencia, en el caso no creyente; y, por otro lado, no caer en el fundamentalismo religioso por aquellos que pudieran creerse en posesión de la verdad.