El papa Francisco durante el sínodo de la Amazonia

Santoro: «Lo que he aprendido del sínodo de la Amazonia»

El arzobispo de Taranto hace balance del encuentro con los obispos de la Amazonia, escuchando el grito de esta tierra y de sus pueblos. Una sacudida saludable «que puede hacernos redescubrir la novedad del Evangelio»
Luca Fiore

«¿La imagen que me llevo a casa de este Sínodo? La de los obispos y laicos reunidos en torno al Papa. Como en el primer concilio de Jerusalén, los apóstoles con san Pedro invocando al Espíritu Santo para recorrer nuevos caminos». Monseñor Filippo Santoro, arzobispo de Taranto, resume así las tres semanas del sínodo dedicado a la Amazonia, al que fue invitado debido a sus 27 años de fidei donum en Brasil, donde fue auxiliar de Río de Janeiro y obispo de Petrópolis. «Ha sido muy bonito ver al Papa tan atento, escuchando, participando… En cierto momento, mientras hablaba de las características que debe tener un sacerdote, dijo: “Hace falta algo que desborde…”». Pero la mirada de monseñor Santoro no es solo la de alguien que conoce bien Brasil y la Amazonia, sino también la del pastor que, en una ciudad europea como Taranto, se confronta directamente con los desafíos de la ecología que se han abordado seriamente en este sínodo.

¿Qué balance hace de estas tres semanas?
Ha sido un gran momento de escucha. Solo una actitud así puede ayudarnos a entender hasta el fondo las razones de la situación ambiental de la Amazonia y la visión del mundo de los pueblos que la habitan. Una ocasión para darnos cuenta del grito que procede de allí, y que debería sacudirnos, despertarnos. Porque la agresión contra los recursos medioambientales se está convirtiendo también en una agresión contra la persona. Otro aspecto que se ha desarrollado mucho ha sido el conocimiento de las culturas de estos pueblos, que tienen mucho que enseñar a nuestra mentalidad occidental. Nosotros tendemos a cumular cosas, ellos acumulan relaciones con la naturaleza y con las personas. Resumiendo, se ha tratado de una discusión sobre la vida de la Iglesia y sobre los “nuevos caminos” a seguir. Otro tema que se ha abordado ha sido el de la inculturación, un tema clásico en la dimensión misionera. Todo según una dimensión sinodal.

¿En qué términos se ha hablado de inculturación?
Además de escuchar a las culturas amazónicas, también se ha reflexionado sobre la aportación que el Evangelio ofrece a estas culturas. Sin duda, son muy ricas, pero también tienen elementos que deben ser purificados. El justo relieve que hay que dar al valor de estas culturas, que se ha subrayado mucho en este sínodo, no puede hacer olvidar la novedad del Evangelio, que permite valorar las semina Verbi, las semillas del Verbo ya presentes en ellas, y llevarlas a plenitud. Aunque estas poblaciones vivan el pecado original, el Evangelio salva, purifica y lleva a cumplimiento las diversas realidades con que se encuentra.

Monseñor Filippo Santoro durante una vigilia por los trabajadores de la siderurgia en Taranto

¿Qué tipo de acento le parece que ha dado el Papa a los trabajos realizados?
En la intervención inicial dijo que entre desafíos pastorales y desafíos ecológicos, los primeros son prioritarios. Nuestra mirada, explicó, debe ser la de los discípulos y misioneros. Es decir, los temas tratados debían considerarse desde una perspectiva de fe. Luego, en las intervenciones en el aula, sobre todo de los oyentes, se ha insistido también en puntos particulares, desde valorar la visión amazónica a revindicar ministerios específicos en la vida de las comunidades cristianas.

Los llamados viri probati y la introducción del diaconado femenino.
Sí, este último solicitado varias veces en las intervenciones de los padres sinodales y de los oyentes.

Ambas figuran en el documento final.
El diaconado femenino ha quedado, de hecho, bloqueado. El Papa había creado una comisión para estudiarlo, pero quedó encallada por una falta de documentación sobre el fundamento histórico de una institución así. En el Nuevo Testamente se cita pero, de hecho, se trataba de mujeres que ayudaban a los fieles bautizados en el río a revestirse. Se trataba de un servicio, pero no se corresponde con la naturaleza del diaconado tal como se ha configurado como parte del sacramento del Orden. En el documento final del sínodo se dice que las oyentes querían compartir sus experiencias y reflexiones con esta Comisión y esperar los resultados. No hay más. En cambio, por lo que se refiere a los viri probati, hay un profundo cambio respecto a las expectativas iniciales.

¿En qué sentido?
Debido a la falta de acceso a la Eucaristía en varias comunidades amazónicas (en algunas regiones los fieles se quedan sin ella hasta uno o dos años), se esperaba que se procediera con apertura a la ordenación de hombres casados, preferentemente indígenas. En el documento final, en el número 111, se propone establecer criterios para la ordenación de diáconos permanentes con una familia estable. A esto se añade la observación de que se trata de un tema tan relevante que debería discutirse en un Sínodo general de toda la Iglesia. Es decir, la cuestión no se puede resolver en un sínodo regional. En todo caso, se trata de una excepción frente a una necesidad grave, no de una nueva norma. No se va a tocar el celibato de los sacerdotes. Sobre esto, la prensa no ha hecho un buen servicio. El Papa parecía un poco molesto por el hecho de dar demasiada relevancia a aspectos de política intraeclesial, que él considera marginales en comparación con el gran problema del grito que procede de la Amazonia. El tema principal es la destrucción de esta región y, lo que es más grave aún, de los pueblos que viven en ella.

Usted ha sido relator de uno de los círculos menores. En la síntesis de su documento se decía que, respecto a la falta de sacerdotes en la región, hay que preguntarse, antes incluso que por las soluciones, por el origen de este fenómeno.
Sí, muchas intervenciones sobre este tema se han limitado a hacer un análisis de las consecuencias. En cambio, hay que preguntarse por qué hay tan pocas vocaciones, por qué no se suscita el entusiasmo de entregar la vida entera a Cristo. Para mí, la cuestión es que puedan nacer comunidades vivas, donde el anuncio de Cristo se experimente como salvación presente, paz presente, plenitud de la vida. Así es como nacen las vocaciones más bonitas al matrimonio, pero también a la forma profética que es la virginidad cristiana. Es lo que dijo el Papa en el Ángelus del domingo: la novedad del Evangelio renueva todas las culturas. El Evangelio no se identifica con ninguna de estas expresiones pero las renueva todas. «No hay una cultura estándar, no hay una cultura pura, que purifique a las demás; está el Evangelio, puro, que se incultura». Lo que urge es el anuncio de esta novedad hasta los extremos confines de la tierra mediante el testimonio de la vida.

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Cómo obispo de Taranto, ¿qué ha aprendido del Sínodo de la Amazonia?
Se ha hablado de una “deuda ecológica” con la Amazonia, que también existe en Taranto. Porque la gran industria siderúrgica ha dado trabajo a mucha gente pero, al mismo tiempo, la contaminación ha costado muchas vidas, incluso de niños. Esta deuda se debe saldar mediante una inversión concreta en la defensa del medio ambiente. Hay que parar inmediatamente la devastación ambiental. Por otro lado, soy favorable al paso a la descarbonización y a las formas de energía alternativas, pero si se hace de un día para otro dejaremos sin trabajo a entre cuatro y cinco millones de personas. Por tanto, hay que proceder con una mirada amplia, que tenga en cuenta tanto los problemas ambientales como los de empleo. Es la idea de la ecología integral, que no separa al medio ambiente del hombre que lo habita. En este sentido, el grito de la Amazonia se oye también en Taranto y nos interpela de cerca. También he llevado a Taranto la urgencia y la belleza del anuncio de la resurrección de Cristo, nuestra esperanza incluso en las situaciones más críticas.