La Colina de las Cruces en Vilna

Lituania. Esperando al Papa

Hace 25 años, la visita de Juan Pablo II, la primera a un país excomunista. Este fin de semana Francisco también visitará a los lituanos. Entretanto, en Vilna, «estamos deseando ver ese rostro que Jesús nos da para seguirle»
Paolo Perego

El anuncio llegó antes del verano. El Papa visitará Lituania, Letonia y Estonia del 22 al 25 de septiembre. «Viene a vernos por el centenario de la primera independencia de nuestro país», comentan varios miembros de las instituciones lituanas, que encuadran la visita del pontífice en el programa de festejos. «No es verdad», ha precisado desde el primer momento el arzobispo de Vilna, monseñor Gintaras Grušas. «Es la visita de alguien que guía la Iglesia y que viene a encontrarse con su pueblo. Viene por la fe, no por el Estado». Además, llega justo 25 años después de la histórica visita –la primera a un país excomunista y a solo dos años de la independencia– de Juan Pablo II, en septiembre de 1993.

«Para la comunidad de CL también ha sido una provocación», explica Inga Žukovaitė, nacida en 1986 y que trabaja en el Tribunal de Vilna. «Por eso, en las vacaciones de mediados de julio organizamos un encuentro precisamente dedicado a Francisco, a su magisterio. Para ayudarnos a conocerlo mejor, para comprender la novedad que porta».



Lituania es un país católico donde la tradición cristiana, anestesiada y oprimida durante el comunismo soviético, volvió a emerger con fuerza en los años noventa, tras la caída del régimen de Moscú y la independencia. Durante el viaje de Juan Pablo II de 1993, como sucede hoy con el papa Bergoglio, la palabra “misericordia” resonó potentemente entre la catedral de Vilna y la Colina de las Cruces, un lugar sagrado para la gente, lleno de símbolos que han dejado los lituanos para recordar y ofrecer su sufrimiento. «Tierra de mártires», la definió Wojtyla, para luego reclamar a la conversión y al perdón a “vencidos” y “vencedores”

«La historia ha plasmado un pueblo muy diferente de cualquier otro en Europa», cuenta Inga. «Han pasado treinta años desde la caída del régimen. Mis padres nacieron con el comunismo y tuvieron que aprender a usar la libertad». Aquella tradición cristiana se fue vaciando con el paso de los años. «Hoy no ha desaparecido, pero no está viva. Los jóvenes no van a la iglesia, como mucho llevan a bautizar a sus hijos, se casan ante un altar, pero más como un ritual». Esa libertad conquistada sigue siendo todavía “complicada”. «Los de menos de treinta años no sufren el paso de décadas de régimen, pero hasta los más jóvenes tienen que hacerse con una idea de Europa, democracia y libertad sobre cuyo fundamento nunca nadie les ha educado. Como si, desde la independencia en adelante, hubiéramos recibido todo lo que llegaba de Occidente sin juzgarlo». Inga lo llama la “cultura del no pensar”. «En la URSS, el hombre que pensaba era peligroso, pero esta mentalidad ha resistido tras el derrumbamiento de la ideología». Una concepción que todavía impregna el sistema educativo, por ejemplo, y cuyos frutos se ven en la corrupción, tan difícil de eliminar.

Juan Pablo II reza en Vilna en 1993

Mirando hacia Lituania, algunos señalan datos como la alta tasa de suicidios o el gran número de jóvenes que emigran, definiéndola como país “sin esperanza”. «¡No es así! Las dificultades están ahí. Fuera se gana más, pero el trabajo nunca falta y el país está creciendo», replica Inga. «La verdad es que somos un país fuerte, capaz de luchar. Hay muchos jóvenes, adultos, familias, con ganas de construir. Gente que vive y las condiciones son favorables… Claro que hará falta tiempo, pero es justo el tiempo lo que se nos da para vivir».

Este es el espíritu con que, prosigue Inga, ella y sus amigos esperan la visita de Francisco. «Es alguien que habla de una esperanza en la vida, que testimonia una certeza y que no deja de reclamarnos a la salvación, en cualquier situación que uno tenga que vivir. Como diciendo: “no os falta nada”. El Papa viene a traernos a Jesús, tal como somos».

La catedral de los santos Estanislao y Ladislao

Eso se hizo evidente en las vacaciones de la comunidad, durante la velada dedicada a Francisco. «El Papa aquí es alguien muy conocido, como en todas partes, pero como una cierta “caricatura”». El Papa de los pobres, el Papa sencillo… «Casi nadie lee las pocas cosas traducidas de su magisterio», añade Inga. Por eso las vacaciones partieron justamente de sus palabras y de sus gestos para “narrar” a Francisco. «La reacción de muchos estuvo llena de estupor y curiosidad. Es muy bonito, porque ese es el primer paso del conocimiento».

Un paso personal, por tanto. El mismo que llevará a la comunidad de CL a las calles de Vilna este fin de semana. «Unas cuarenta personas participaremos en el encuentro con los jóvenes en la capital, delante de la catedral, el sábado por la tarde. Otros amigos, también de Rusia, se sumarán para la misa en Kaunas el domingo por la mañana». Pero Francisco también se reunirá con las familias lituanas de la ONG Sotas, socio local de Avsi, que se dedica a la acogida de menores. Además, la presidenta de Lituania, Dalia Grybauskaite, ha invitado a la responsable de Sotas a participar en el encuentro de Francisco con las autoridades del país.

«Es una ocasión para nosotros y para todos», asegura Inga. «Como han intuido muchos en las vacaciones, seguir al Papa nos acerca más a Jesús, porque es el primer rostro que nos da para seguirle. Estamos deseando que llegue el momento de poder ver ese rostro cara a cara».