Los participantes en el ''Touched Meeting 2015''.

Touched, tocados por una amistad

Elena Fabrizi

Los muros de Jerusalén eran de un blanco brillante, a la luz del sol de finales de octubre. El clima era primaveral y bajo los dos leones que dan nombre a una de las puertas de la ciudad, un extraño grupo de personas escuchaba a uno de ellos: «Esta puerta es uno de los lugares donde habitualmente tienen lugar la mayoría de los enfrentamientos entre palestinos e israelitas». Cerca de allí los soldados suelen controlar las idas y venidas de la gente. «En una entrevista, un joven palestino dijo que él va allí a tirar piedras a los soldados para que alguien pueda oír su voz. Un amigo, ante esta llamada "intifada de los cuchillos" nos provocó diciéndonos que tal vez estos gestos, totalmente equivocados, nacen de un deseo de bien. Quién sabe cómo juzgará Jesús este deseo de bien...».

Esta extraña contradicción se hizo compañera y casi amiga en el viaje de cinco días a Tierra Santa organizado por la Hermandad Santa Catalina de Siena, una asociación de personas y obras de caridad nacida en 2001. Un viaje de trabajo y de amistad, titulado Touched Meeting 2015, en honor al «¿quién me ha tocado?» de la hemorroísa en el Evangelio. Del 29 de octubre al 2 de noviembre, en plena tensión entre Israel y Palestina, unas cincuenta personas de Italia, España, Chile y Estados Unidos quisieron ir al encuentro de algunas realidades de la comunidad cristiana que viven allí. Un viaje de amistad, porque todo nació en 2008, cuando Michelangelo Rubino, encargado de la coordinación administrativa de algunas obras de caridad, durante una peregrinación conoció casualmente a Vincenzo Bellomo, que trabaja en los proyectos sociales de la Custodia de Tierra Santa. Su amistad se hizo creativa y fue dando pasos hasta llegar hasta aquí.

Gloria Nasser da clases de italiano en Belén. Guía al grupo y la sensación, por el camino, es la de entrar en el jardín de su casa: «Belén significa "casa del pan". Es hermoso pensar que Jesús es el pan de la vida. Aquí es donde se hizo hombre». Entre mosaicos y columnas, el grupo espera el final del rito armenio dentro de la Gruta. «Rezamos por la unidad de la Iglesia», dice Gloria. «En esta tierra, somos un pueblo mixto y sentimos más que vosotros la necesidad de unidad». Uno de los italianos comenta: «Es verdad que todos somos distintos... Como si fuéramos un gran mosaico». «Eso es algo positivo, gracias. Si tuviéramos un solo corazón, sería aún más hermoso».

Luego Gloria confía el grupo en manos de Vincenzo, que se presenta como parte de la compleja historia de estos lugares: «Soy feliz de poder continuar esta amistad en el trabajo, que nos une bajo aquel que nació aquí. La comunidad cristiana, entre Israel y Palestina, es casi el 1,6% de la población. Lo que vais a ver son los lugares donde esta comunidad vive y reza. Y no es obvio que así sea». Desde 2005, la tregua entre Israel y Palestina es cada vez más frágil y muchos, preocupados por sus hijos, emigran. Muchos cristianos venden su casa. «Algunas de estas propiedades están cerca de la basílica. Uno de los proyectos de la Custodia es salvar estas viviendas para mantenerlas como cristianas. La idea es transformarlas para actividades de creación de empleo, como un garaje que se quiere transformar en un negocio donde algunos puedan vender productos locales». Ser una minoría no les da miedo: «Nos ayuda el hecho de que mucha gente de fuera, de lejos, reconozca la importancia de Belén y esté a nuestro lado».

Desde Belén nos dirigimos hacia Beit Sahour, donde se firma un pacto de amistad entre este ayuntamiento y el de Comacchio. Marco Fabbri, alcalde de la "pequeña Venecia" y ex miembro del partido Cinco Estrellas, describe así estos días en una de las cenas con familias palestinas: «Es algo anómalo... En general, los hermanamientos se hacen por afinidad política, pero este es un pacto que sucede al contrario, llega desde abajo, consolida una amistad que ya existe. Lo que nos llevemos a casa será esto, un pacto entre dos ciudades sí, pero en realidad es un pacto del mundo entero, un pacto con el lugar donde todo empezó».

Por la noche, después de un paseo por el desierto de Judea, la cita es en el cine de Belén para el estreno del film Full of Grace, un relato de la vida de los apóstoles y de María a los diez años de la Ascensión de Jesús (se estrenará en América el próximo mes de enero). «Hemos hecho esta película sobre todo para nosotros mismos», explica el productor, T. J. Berden: «Habla de las preguntas últimas que interrogan nuestra vida. Como los apóstoles fueron tocados por Jesús, así nosotros somos tocados por nuestros amigos». Berden dirá que la proyección en Belén, entre las muchas que ya ha hecho en América, es la que más le ha tocado. Lina Canavati Rahil, responsable del sector social del Baby Caritas Hospital de Belén, el único hospital pediátrico de la ciudad, presenta así la película en una sala de cine abarrotada: «Compartir nuestra fe con otras personas de todo el mundo nos ayuda a seguir adelante. Es un misterio la forma en que esta amistad nos ayuda. Pero no nos preocupa darle un nombre. Nuestra única preocupación es vivir el misterio que nos ha puesto juntos».

Al día siguiente, visita a Jerusalén. Ettore Soranzo vive en Tierra Santa desde hace 18 años. Ahora trabaja para la oficina técnica de la Custodia y, como amigo, acompaña a la extraña comitiva por los lugares santos. En la quinta estación de lo que pretendía ser un Via Crucis, Ettore recuerda cómo don Luigi Giussani se identificaba con el Cireneo: «Jesús está pasando, agotado, y cae... Los romanos toman al primero que pasa por la calle, un tal Simón de Cirene, y le dicen: "Ayuda aquí a este hombre". Y Simón piensa: "Qué desagradable... No queda nada de él". Imaginad que veis un accidente en la calle y tenéis que levantar a uno lleno de sangre. Imaginad a este hombre, al que le mandaron hacer lo más importante de su vida. Este hombre tomó a Jesús y le permitió llegar hasta el punto en que sería crucificado, hasta la cruz donde Jesús salvó al mundo. Así, igual que sin la Virgen Dios no habría entrado en el mundo, sin Simón de Cirene Dios no habría salvado el mundo».

La última etapa es Haifa, al norte de Israel, en una escuela donde nuestro amigo pintor Franco Vignazia ha pintado tres grandes cuadros. La directora nos señala que las decisiones iconográficas no han sido siempre pacíficas: «Me he sentido respetada en mis ideas. Aquí no vivimos una situación serena, pero la experiencia de voluntariado que hemos vivido gracias a la asociación Romano Gelmini por los Pueblos de Tierra Santa ha sido una semilla que esperamos que pueda crecer. Estamos acostumbrados a ver que uno solo se da gratuitamente a quien conoce, mientras que vosotros nos habéis donado vuestro trabajo sin conocernos. Habéis estado con nosotros, ha sido un ejemplo de amor verdadero y desinteresado».

Ante de partir, hay un largo diálogo con algunos, entre ellos Wafa Musleh, que como Lina es uno de los responsables del Baby Caritas Hospital de Belén. «Dios, ¿dónde estás? ¿Qué futuro debo esperar para mis hijos?». Recordando tiempos más duros que cíclicamente vuelven, afirma: «Crecí en la Iglesia ortodoxa desde pequeña. Todo era siempre igual, tradicional pero repetitivo. Cuando conocí a estos amigos italianos, me sentí profundamente tocada. Como si hubieran caldeado mi corazón. Me devolvieron a mi credo, a volver a sentirlo y a tocarlo. Estos días juntos han sido un desafío: ¿me quedo o me marcho? He decidido quedarme».