Tatiana Kasatkina.

Aprender a leer «de sujeto a sujeto»

Fabrizio Foschi

Cuatrocientos chavales de enseñanzas medias y superiores participaron en un congreso en Italia con Tatiana Kasatkina, estudiosa de la Academia Rusa de las Ciencias y experta en Fiodor Dostoyevski. Alumnos de liceos, institutos técnicos y profesionales se reunían después de leer la novela breve Noches blancas. ¿Qué vínculo les une para dedicar su tiempo a estos llamados "clubes de lecturas juveniles de Dostoyevski"? Algo que va más allá del gusto por la lectura, del interés por el sello a veces hermético de su escritura, una aventura intelectual cultivada quizás de manera inconsciente.

En el fondo está la aceptación de un reto lanzado por un grupo de profesores, acogido por los chavales y vivido con gran seriedad y compromiso. Se trata de la propuesta de un método de lectura que implica la posición misma del lector, cuya mirada hacia la obra literaria va cambiando según va respondiendo a las invitaciones del propio texto.

En esta iniciativa participa una red de escuelas superiores y un grupo de profesores que empezaron hace casi un año con la presentación de los puntos más destacados de estas Noches blancas. Durante el curso escolar, antes y después del verano, en algunas clases han retomado esta lectura, identificando algunos temas: la soledad del soñador, los lugares y tiempos de la trama, las decisiones de los personajes, el amor en sus más diversas declinaciones y acepciones. De cara al congreso, algunos chavales expusieron sus tesis en presentaciones de diez minutos, para someterse después al diálogo con la mismísima Kasatkina, así como a los profesores y compañeros.

El camino hacia la comprensión, insistió Tatiana Kasatkina, sigue la misma lógica que el encuentro entre personas. El otro te habla si le escuchas, si no le reduces a un objeto didáctico estéril. El método se llama, por tanto, "de sujeto a sujeto". Para empezar a introducirse en el misterio del estilo de Dostoyevski, hay que partir de lo que no está claro, de lo que le diferencia de nuestro sentido común habitual. El texto no es un reflejo de nuestras emociones, es una presencia viva que pide entrar en nuestra vida para hacerla más consciente, en la medida en que captamos el nexo de un elemento con su contexto. El texto revela las intenciones del autor pero no tenemos más que esas palabras para reconocerlo. Por tanto, hay que caminar en profundidad, conocerlo haciéndonos partícipe de lo que expresa y no divagando en el terreno de las opiniones.

El modo mismo en que Tatiana conversaba con los chavales era un ejemplo del método que ella propone. Ninguna intervención pasaba inadvertida, ninguna pregunta se dejaba pasar, ningún comentario se rechazaba como posible sugerencia para una mayor apertura ante el significado de la obra. Las horas volaban escuchando atentamente la laboriosa confrontación, donde era evidente que se estaba hablando a la razón de los jóvenes, a su deseo de entrar en el significado de las cosas. Una experiencia extraña en el panorama juvenil actual, pero una experiencia que, como una semilla, puede cambiar el rostro de la escuela.