La conexión vía Skype.

«Somos felices porque allí donde vayamos Dios está con nosotros»

Durante unas vacaciones en Taverna, un grupo de los Caballeros del Grial (alumnos de enseñanzas medias, ndr) se conectaron vía Skype con Myriam, la niña iraquí de Qaraqosh que contó su experiencia a la cadena televisiva Sat7 (pincha aquí para ver el video) y que actualmente vive con sus padres en el centro comercial de Ainkawadi en Erbil, que se ha convertido en un campo de refugiados. Esta es la transcripción del diálogo.

Alessandra: Allí donde vives, ¿de verdad te sientes feliz?

Myriam: Somos felices aquí, donde estamos, porque allá donde vayamos Dios está con nosotros.

Toti: ¿Qué es lo primero que harías si pudieras volver a Qaraqosh?

Myriam: Lo primero que haría, si volviera a Qaraqosh, sería rezar. Porque cuando tuvimos que huir, Él nos salvó. Y también ahora que estamos aquí nos manda personas que se preocupan por nosotros, nos traen comida y lo que necesitamos. Sí que lo primero que haría es dar gracias rezando.

Prospero: ¿Hay alguna persona importante para ti, a la que tú sigas?

Myriam: Mi primera guía es Jesús.

Giacomo Fiordi (cooperante de Avsi): ¿Pero eso qué significa en la vida, en tu relación con los demás?

Myriam: Después de Jesús, mi primera guía son mi papá y mi mamá, mi familia. Luego viene la comunidad de la Iglesia, que me ayuda mucho a entender las cosas de mi vida.

Martina: ¿Alguna vez en tu vida has visto algo verdaderamente hermoso, que te haya gustado mucho?

Myriam: Lo más hermoso para mí son Jesús y María, no miro otras cosas porque ellos son el mayor don que he recibido en mi vida.

Marcello: Yo quería darte las gracias porque las cosas que dices en la entrevista me han servido mucho. ¿Qué sueño tienes tú para tu vida?

Myriam: Mi sueño sería llegar a ser médico y trabajar con Médicos sin Fronteras, ir por el mundo ayudando a los demás.

Marco: ¿No tenéis miedo de seguir declarándoos cristianos?

Alis (madre de Myriam): Yo personalmente no tengo miedo porque creo en Dios y confío totalmente en él. Con mi fe no tengo miedo porque sé que Dios me quiere. La gente huyó de Qaraqosh en dos momentos distintos. Nosotros no huimos con el primer grupo porque yo no tenía miedo, Dios me pacificaba el corazón para poder estar allí.

Waleed (padre de Myriam): Huimos de noche con el segundo grupo de personas porque recibí una señal de Dios, que me dijo que huyéramos. De hecho esa noche, allí cerca, estalló una bomba y murieron dos niños. Mis hijas lo vieron de lejos y sintieron miedo, no a ser cristianas, sino a morir. Al ver que mis hijas tenían miedo me di cuenta de que aquello era una señal que Dios me enviaba para decirme que nos marcháramos.

Suami: ¿Cómo os ayuda la fe en Dios a vivir vuestra vida?

Waleed: Yo vivo de la Palabra de Dios, y eso significa que si tú vives de la palabra de Dios, tienes todo lo necesario. Para vivir no basta con el pan, necesitas la Palabra de Dios. Puedes tener los mejores vestidos, la casa más bonita del mundo, todo el dinero del universo, pero cuando llega el momento de morir, tú también mueres. Morir sin la Palabra de Dios significa no haber vivido.

Alis: La fe en Dios es lo que me permite vivir en paz. La paz del corazón es lo que lleva la sabiduría a la cabeza; y la sabiduría en la cabeza, que deriva de la paz en el corazón, es lo que te sirve para guiar tu vida, la vida de los tuyos y de los que están a tu lado en el camino. Esto te permite vivir con alegría. No sabemos explicar perfectamente por qué vivimos tan alegres, pero es lo que sucede cuando te fías: ese es el don de la paz en el corazón.

Chiara C: ¿Cómo imagináis vuestra vida en el futuro?

Alis: La pregunta no es fácil. El hecho de que yo crea en Dios me tranquiliza respecto al futuro porque por mi fe sé que Dios no nos deja solos ni nunca nos dejará solos. Por tanto mi futuro, el de mi marido y mis hijas, no está en mi mano sino en manos de Dios. Estoy segura de que confiándoselo a Él, cómo lo diría, Él me dará las cosas más hermosas para mí y mi familia en el futuro.

Chiara V: ¿Cómo se puede perdonar a quien te ha causado tanto mal?

Alis: Si todo estuviera en mis manos, yo no sería capaz de perdonar. Pero mi experiencia es que el deseo de Jesús es dar su gracia a los hombres para que aprendan a perdonarse. Solo a través de Dios podemos aprender a perdonar, porque perdonarse es una gracia que recibimos de Él, no es una cosa solo humana. Perdonar a los demás es difícil, pero no imposible. Y sobre todo, cuando perdonas a los demás recibes una gran paz. Experimentar esta paz te permite seguir adelante en la vida.

Waleed: Doy gracias a Dios por lo que me ha pasado, y por tanto por haber tenido que huir de mi casa. Doy gracias al Daesh, a los terroristas del Isis, por lo que me han hecho y porque nos han hecho huir. Porque yo antes, cuando vivía en Qaraqosh, era un buen cristiano, pero tenía algo escondido dentro de mí, estaba un poco ciego. En cambio ahora, el hecho de encontrarme en esta situación, con todos los refugiados, me ha abierto los ojos, me ha ayudado a descubrir qué significa ayudar a los demás, que me acompañan en la necesidad.

Giacomo Fiordi: Eso me conmueve mucho porque ellos son los primeros necesitados y sienten la exigencia de ayudar a los demás. Para mí esta es una enseñanza muy grande.

Maria Concetta: Desde anoche, cuando supimos que podíamos hablar contigo, Myriam, conmovidos por esta espera, empezamos a pensar qué podíamos regalarte para darte las gracias por el don que nos has hecho. Hoy también has respondido con sencillez a la pregunta que nos acompaña en estas vacaciones: “¿Qué es la felicidad?”. Te damos las gracias, a tu madre y a tu padre, porque nos estáis devolviendo a Jesús tal como es: una Presencia capaz de abrazar y sostener la vida entera. Vuestra testimonio nos está devolviendo a la Vida, los refugiados de verdad somos nosotros.

Waleed: ¡Gracias a vosotros!

Alis: Os lo agradezco mucho y rezaré por vosotros. Estoy impresionada porque antes, cuando estábamos en Qaraqosh, no había tanta gente que se interesara por nosotros y ahora recibimos esta amistad tan grande por parte de tantas personas. Para nosotros vuelve a ser el testimonio de cuánto nos quiere Dios. El infinito es vivir esta felicidad con Dios, tanto en el Paraíso como en la vida en la tierra.