Niños brasileños en clase.

En los pupitres de las favelas

Stefania Barbieri

“Los niños necesitan lo mismo en todas las latitudes: adultos que les ayuden a conocer la realidad y a encontrar en ella la positividad. El maestro custodia el sentido, el significado de la positividad de la realidad que recibe. Lo que ofrece no es a sí mismo sino que a través de sí mismo se hace explícita la tradición a la que pertenece”.
Rosetta Brambilla termina así el prólogo a un libro publicado por la editorial italiana Itaca y titulado Come può il cielo avere tante stelle? Non è solo mezz’ora di canto (¿Cómo es posible que haya tantas estrellas en el cielo? No es sólo media hora de canto). La clave de la lectura es que educar es algo que sucede cuando la clase no consiste sólo en transmitir una serie de contenidos sino en encontrarse con otro que está apasionado y hace crecer, es ponerse en juego al convertir en método, en camino, la propia experiencia. Así sucede con los dos profesores de música que hablan en el libro, Marco Aurelio Cardoso y Paolo Amelio, uno brasileño y el otro italiano. Sólo se han encontrado en estas páginas, nunca se han visto, ni se han hablado, ni se han escrito.
Marco Aurelio narra sus lecciones con un estilo que involucra al lector: le abre la puerta de la clase, le presenta a sus alumnos, le enseña las caciones y los juegos. Al mismo tiempo, con gran delicadeza, habla de la vida en las favelas, del deseo irreductible de belleza que tienen estos niños, y de sí mismo, de cómo se ha dejado cambiar tras el impacto con la realidad, hasta el punto de poner en duda sus propias convicciones sobre la pedagogía musical.
Paolo hace una descripción diferente, más sistemática, de su recorrido, explica las razones y los criterios que le han llevado a tomar determinadas decisiones didácticas y educativas. De alguna manera, tira del hilo del relato de Marco Aurelio al hablar de sí mismo. Aunque son muy diferentes, hasta en el modo de comunicarse.
Sin embargo, tienen algo en común más allá de la música: miran a los niños con la misma pasión, reconociendo lo que hay de positivo en cada uno, acogiendo con estupor sus preguntas, saben guiar los corazones, ¿será mera coincidencia? No, es el resultado de su pertenencia a la compañía guiada hacia el destino de don Giussani lo que permite a un particular dar el sentido del todo, por eso dos reconocidos músicos pueden cumplir su destino dando clase a estos niños.