El hombre de manos limpias

Alessandro Banfi

En 1987, ochenta años después de su primera publicación en Inglaterra, la Jaca Book reeditó en Italia El amo del mundo, y Ediciones Palabra haría lo propio un año después en España. La caída del Muro de Berlín estaba a las puertas, y con ella el fin oficial del mundo comunista. Sin embargo aquel libro llamaba la atención poderosamente. El enemigo de la fe, de la Iglesia, puede ser más insidioso de lo que creíamos. Augusto Del Noce decía en Il Sabato: «Hoy que el marxismo atraviesa un declive irreversible, hasta el punto de que corremos el riesgo de ser injustos respecto a su potencia filosófica real, hoy que la revolución sexual y la combinación marx-freudiana marcan el paso, la lucha contra el catolicismo acontece precisamente bajo el signo del humanitarismo». Después del Anticristo de Soloviev, al que hacía pocos años se había dedicado un Cartel de Pascua, don Giussani nos animó a tomar entre manos aquel libro, lúcidamente visionario.

Una novela con un gran tema: el fin de la humanidad y tal vez del mundo, el fin de la Iglesia sobre esta tierra. Con algunas “profecías” impresionantes, teniendo en cuenta que se escribió a principios del siglo XX, un siglo dramáticamente marcado por el fascismo, el nazismo y el comunismo, con dos guerras mundiales y una impresionante e inédita apostasía de la Iglesia católica. El protagonista de la novela es un inquietante Juliano Felsenburgh, un carismático político masón que conquista a las multitudes con su moralidad. «Pareciera que su verdadera originalidad consiste en seguir siendo, hasta el momento, un hombre con las manos limpias, libre de manchas o de culpas pasadas». Muy pertinente para los años ochenta. Y también para hoy.

Londres y la Europa (y por ende el mundo) del libro le alaban y le veneran, abandonando su tradiciones y religiones, transformando la modernidad en una violenta pesadilla. Pero si la personalidad de Felsenburgh ocupa un horizonte apocalíptico donde la basílica de san Pablo se convierte en templo masónico, será la historia de una pequeña familia, formada por el comunista Oliver Brand, su esposa Mabel y la madre de él, la que nos llevarán a vivir los sentimientos e impactos de este relato. No falta la hermosa figura de un sacerdote católico, el padre Percy Franklin, cuyas vicisitudes son las mismas que las de toda la Iglesia universal, hasta el último acto que tiene lugar en Palestina. Se abordan grandes cuestiones, como la eutanasia, el poder de los medios, la guerra y la paz. Un libro en el que hay muchas cosas: la fe sentida del católico moderno, la crítica del intelectual inglés al falso humanitarismo, la utopía de Europa y de la Sociedad de las Naciones… pero sobre todo una profunda reflexión sobre la persecución de los cristianos y sobre los enemigos de la Iglesia católica.

Giussani, con este texto, proponía una lectura inteligente de la vida contemporánea. La fe, cuando existe, siempre anima a juzgar lo que sucede en la realidad. Benson ofrecía un extraordinario análisis sobre los vicios de nuestro tiempo, poniéndonos delante una pregunta dramática: ¿en qué debemos poner nuestra esperanza en estos momentos de la historia de la humanidad, en que la Iglesia parece a punto de ser destruida?

Pocos años antes de la novela, el beato John Henry Newman respondía así: «El cristianismo ha estado demasiadas veces en lo que parecía un fatal peligro, para que ahora nos vaya a atemorizar una nueva prueba. Todo esto es cierto. Son imprevisibles por el contrario las vías por las que la Providencia rescata y salva a sus elegidos. A veces, nuestro enemigo se convierte en amigo; a veces se ve despojado de la capacidad de mal que le hacía temible; a veces se destruye a sí mismo; o sin desearlo produce efectos beneficiosos, para desaparecer a continuación sin dejar rastro. Generalmente la Iglesia no hace otra cosa que perseverar, con paz y confianza, en el cumplimiento de sus tareas, permanecer serena, y esperar de Dios la salvación...».