Caravaggio, "Adoración de los pastores" (detalle), 1609. Museo Regional de Messina, Italia.  © A. Dagli Orti/Scala, Florencia

Navidad 2019. El cartel de CL

Este año la imagen es la Adoración de los pastores de Caravaggio, conservada en el Museo Regional de Mesina. La acompaña un texto de Alessandro Manzoni y otro de don Giussani

Apenas introducido el innominado, Federigo fue a su encuentro, con un rostro solícito y sereno, y con los brazos abiertos, como ante una persona deseada; «cuando, hace tiempo, tantas veces, habría debido ir yo a veros».
«¡A verme, vos! ¿Sabéis quién soy?
¿Os han dicho bien mi nombre?».

«Dejadme», dijo Federigo, tomándosela con amorosa violencia, «dejadme que estreche esa mano».
Diciendo esto, echó los brazos al cuello del innominado; el cual, tras haber intentado sustraerse, y resistido un momento, cedió, como vencido por aquel ímpetu de caridad, abrazó también él al cardenal. El innominado, desprendiéndose de aquel abrazo, exclamó: «¡Dios verdaderamente grande! ¡Dios es verdaderamente bueno! Ahora me conozco, comprendo quién soy».

«No creáis», le dijo, «que me contento por hoy con esta visita. Volveréis, ¿no es cierto?».
«¿Que si volveré?», respondió el innominado: «Aun cuando vos me rechazarais, me quedaría porfiado a vuestra puerta, como un mendigo. ¡Necesito hablaros!, ¡necesito oíros, veros!, ¡os necesito!».
Alessandro Manzoni, Los novios



El acontecimiento cristiano tiene la forma del encuentro con una realidad física, corporal, hecha de espacio y tiempo. Es el encuentro con una realidad presente, viviente, integralmente humana, cuyo significado exhaustivo radica en que es signo visible de la presencia de Cristo, de Dios-hecho-hombre dentro de la precariedad de un rostro humano. Este encuentro es lo que continuamente polariza nuestra vida, es lo que da significado y síntesis a nuestra existencia. Fuera de él no hay ninguna otra fuente de novedad en la vida.
Luigi Giussani