La presentación de "Dov'è Dio?" (Piemme) en la Universidad Católica de Milán.

En la raíz del cristianismo, ¿dónde está Dios?

El sociólogo Mauro Magatti, el criminólogo Adolfo Ceretti y la periodista Elisabetta Soglio, con Julián Carrón y Andrea Tornielli, presentan en Milán un libro-entrevista que aborda «la pregunta más seria de nuestra época»
Maurizio Vitali

El Aula Magna de la Universidad Católica se quedó pequeña la noche del 19 de octubre, por lo que hubo que usar otras salas para seguir el encuentro por pantallas. Además de todos los que lo siguieron conectados desde sus ordenadores en directo por streaming. En total fueron miles de personas que no querían perderse la presentación del libro Dov’è Dio? (¿Dónde está Dios?), con conversaciones de Julián Carrón, responsable de CL, con Andrea Tornielli, vaticanista de La Stampa y escritor.

Indudablemente, había muchos motivos para estar interesados, pero el principal probablemente sea el que expresa el propio título, la pregunta de dónde encontrar alguien o algo que responda a nuestra exigencia de sanar nuestras heridas y vivir en plenitud, y la necesidad de escuchar palabras de quien se toma por fin en serio esta cuestión. De hecho, la pregunta sobre Dios, como señaló Carrón en su intervención, no surge en abstracto, «sino de un corazón herido por una necesidad insatisfecha de bien, de verdad y de justicia».



De este modo, la presentación se convirtió en un diálogo a mente y corazón abiertos, familiar y sincero, entre los ponentes: aparte de Carrón y Tornielli, el criminólogo Adolfo Ceretti, profesor en la Universidad Bicocca de Milán, y el sociólogo de la Católica Mauro Magatti, moderados por la periodista del Corriere Elisabetta Soglio.

Todos se pusieron en juego personalmente, como profesores, claro, pero también como padres y madres, como educadores. Ceretti confesó que aceptó sin vacilar la invitación de Carrón para tener una segunda ocasión de encuentro, de «presencia el uno con el otro», después de un primer encuentro, hace dos años, en una mesa con el responsable de CL y con la magistrada constitucional Marta Cartabia, donde experimentó que «hay personas cuya presencia da paz y anula el miedo, se ponen a tu lado sin pretensiones y otorgan una dulzura inusitada». Magatti afirmó que había tomado el título del libro, Dov’è Dio?, como una pregunta dirigida a sí mismo, «como persona, como padre y como sociólogo».

Andrea Tornielli

Tornielli empezó explicando la cuestión central que quiso plantear en sus cuatro conversaciones con Carrón: «¿Cómo anunciar el Evangelio en la sociedad líquida, relativista, secularizada de hoy?». Y señaló dos errores que quería evitar en la búsqueda de una respuesta para esta pregunta. El primero, citando al propio Carrón, consiste en pensar que si muchos hombres de hoy no comprenden la fe es porque están cerrados o por maldad. El segundo –y aquí Tornielli citó al cardenal Carlo Caffarra recientemente fallecido– consiste en reducir el cristianismo a normas y prohibiciones morales. Caffarra comparaba al moralista con aquel que, viendo ahogarse en el río a un amigo que no sabía nadar, permanece seco en la orilla explicándole la teoría de la natación.

Adolfo Ceretti

Al hombre necesitado y herido no podemos, por tanto, salirle al encuentro con un “discurso”. Así lo señaló Magatti. Ni mucho menos conformándonos con poner barreras, limitaciones, como dijo Ceretti hablando de la justicia penal. Ceretti ve en los que han cometido delitos uno de los “casos límite” de los que Carrón habla en el libro, gente que necesita algo más y que por ello emprende caminos que pueden llegar a ser extremos. El criminólogo reflexionó sobre todo sobre la tercera conversación con Carrón, deteniéndose en ciertas palabras clave. El “mal”, con la carga de dolor que comporta. Para la víctima, indudablemente, «pero también para el culpable en el momento en que toma conciencia, por la traición y anulación de sí mismo». La “justicia”: «¿Qué hará realmente justicia?». Metanoia, cambio, la irrupción de un factor nuevo imprevisto. Una mirada nueva, gratuita y valoradora, que hace posible no abolir la pena sino explorar caminos nuevos para responder a esa sed de plenitud, apostando por el tejido del yo y no por su limitación. Hasta promover una justicia reparadora donde el culpable participe activamente y sea coprotagonista de la reconstrucción de relaciones sociales que estaban dañadas.

Mauro Magatti

Para Mauro Magatti, “¿dónde está Dios?” es la pregunta más serie de nuestra época, la pregunta que parece no tener espacio después de que, durante décadas, la mayoría de los europeos «no es atea militante, sino que sencillamente no ve dónde está la cuestión religiosa». El sociólogo (y columnista del Corriere), comparte el análisis de Carrón sobre el “derrumbe de las evidencias”. «El arraigo cultural del Evangelio en la sociedad y también en las instituciones se está debilitando rápidamente y ahora domina la desorientación». También él citó a dos grandes figuras de referencia, Benedicto XVI y don Giussani. El Papa emérito, por su agudo análisis sobre el fracaso de la Ilustración y el estrechamiento de la razón, que no solo ponen en peligro el futuro del cristianismo sino también el destino de la gente. Don Giussani, por haber indicado hace ya medio siglo las dimensiones de la experiencia y la libertad no como obstáculos sino como dos puertas fundamentales para hablar de Cristo al hombre. Junto a un tercer factor, la realidad, que tiende en cambio a huir o quedar oscurecida en la cultura contemporánea.

¿Y el Papa Francisco? «En perfecta continuidad», según Magatti, con su predecesor, se muestra perfectamente consciente de que en la situación actual el divorcio entre la fe y la vida no se puede sanar con un discurso. «El desafío consiste en ir a la raíz del cristianismo, donde se pone en evidencia lo que una razón estrecha, y con ella una sociedad tecnocrática, genera: el oscurecimiento del Misterio –aunque el hombre “precario” no pueda dejar de rezar– y la producción del descarte, no solo de bienes sino también de humanidad. Agradezco a Carrón que me ha convencido de que el cristianismo superará la fase crítica cuando lo apueste todo por la libertad y por la experiencia».

Julián Carrón

Carrón habló de su experiencia y de sus encuentros, de los que siempre extrae reflexiones, confirmaciones y nuevos descubrimientos. Sus conversaciones con Tornielli («encuentros que me han ayudado mucho»); las preguntas de un oncólogo que trabaja con enfermos terminales durante la presentación de La belleza desarmada en Houston; la consideración recibida por una periodista y escritora agnóstica en Barcelona: «En esta sociedad oscura necesitamos la luz de los creyentes». También habló de la lectura que ha hecho de la “noche del Innominado” de Manzoni, donde expresa el emblema de la condición humana, del hombre herido en el que prorrumpe el grito, explícito o implícito, a Dios. El sucesor de don Giussani insistió en que «no comprender el derrumbe de las evidencias nos lleva a reducir el cristianismo a un discurso o a un conjunto de reglas que no son capaces de interceptar las heridas del hombre».

Julián Carrón y Elisabetta Soglio.

En definitiva, o estamos con Kant o con Jesucristo. El ilustrado pensaba que podía afirmar y gestionar los valores arrancándolos de la relación con su fuente, el Evangelio, y se equivocó. El Nazareno se presentó y se presenta como acontecimiento que introduce en la historia una novedad de vida imprevista e inagotable, la única capaz de responder al deseo de nuestro corazón. Según una modalidad –una “belleza desarmada”– que se sirve de pobres hombres y mujeres, como los pescadores de Galilea, la samaritana o Zaqueo, el cobrador de impuestos. A nosotros nos toca escandalizarnos del método de Dios y considerar que el acontecimiento es ingenuo e insuficiente, o –con el Papa Francisco– realizar gestos que hablan a todos. Se llama testimonio.