El icono del abrazo entre don Giussani y el Metropolita Antonij.

La "comunidad volante" de inicio en inicio

Luca Fiore

En dos televisores de plasma se proyectan los videos musicales de una especie de MTV ucraniana. En las mesas de leño del Puzata Kata se come borsch y pollo "a la Kiev". El restaurante se encuentra enfrente del austero Museo de Historia de Jarkov, presidido por dos carros armados de la Segunda Guerra Mundial. El gran termómetro, alto como un palacio, símbolo de la ciudad, marca cero grados. Todavía no ha llegado la cerveza cuando Aleksander Filonenko empieza a hablar de la Jornada de apertura de curso de la autodenominada "comunidad volante": «Qué hermoso es comenzar, nuestra comunidad camina de inicio en inicio».

Lo sucedido el primer fin de semana de noviembre es un momento sui generis respecto a los gestos de CL a los que estamos acostumbrados. Por varios motivos. El primero es que en realidad se trataba de encuentro de tres días. El segundo es que los participantes no eran solo ucranianos (de Jarkov, Kiev, Odessa y Chernivtsi), sino también de Rusia, Bielorrusia e Italia. El tercero es que más de dos tercios de los participantes (120, el año pasado eran 70) eran ortodoxos. Entre las mesas del Pazata Kata también está sentado Ilarij, obispo auxiliar del metropolita de Kiev. Ya es un amigo, lo cual no es nada obvio.

La sobremesa después de la cena transcurre con algunos cantos y testimonios. Aleksej expresa su gratitud por haber podido escuchar en la Asamblea internacional de Cervinia el juicio de Julián Carrón sobre la importancia de las circunstancias. Recuerda haber participado en las manifestaciones del Maidán y que aquella circunstancia le permitió acercarse y profundizar su amistad con el movimiento. Svetlana explica cómo una simple invitación al Meeting de Rímini le ha hecho desear que su propia casa, su propia familia, estuviera abierta a la amistad con el movimiento. Una nueva esperanza que le ha hecho abandonar la idea de irse de Ucrania. Natasha recuerda que creció en una familia soviética atea y que de pequeña empezó a rezar ella sola. Recibió el bautismo y acabó siendo la madrina de su madre. Sin embargo, dice, había un vacío dentro de ella que no sabía cómo llenar. Ni siquiera ser cristiana le bastaba. Luego encontró un grupo de amigos que le invitaron a leer los libros de don Giussani y comprendió entonces que aquel "vacío" era lo que «los italianos llaman sentido religioso». La vida cambió, porque su fe ya no era una cuestión personal sino que asumió la forma de una amistad.

La mañana siguiente el tema de trabajo era la lección de Carrón en la Jornada de apertura de curso en Italia. Intervenían Filonenko, Constantin Sigov y Dimitri Strotsev sobre los tres puntos de la charla: las circunstancias y la forma del testimonio, el atractivo de la belleza y la "chispa". «Nosotros vemos la respuesta de Dios porque Él hace entrar en nuestra vida encuentros, acontecimientos lleno de belleza», dice Filonenko: «Me gustaría destacar la particularidad de nuestra comunidad, algo que todos advertimos, y es que nuestra compañía es vulnerable. Cuando Dios elige a uno nunca lo hace con un gesto llamativo. Él elige a ciertas personas que deben dar testimonio, no para unos pocos sino para el mundo entero». La intervención de Sigov es un elenco de las sorpresas que han tenido lugar durante estos años de amistad con CL: Rusia Cristiana, el descubrimiento de Dante, el conocimiento de figuras como el beato Rolando Rivi, la experiencia de los niños ucranianos acogidos por familias del movimiento. Strotsev, en cambio, admite la dificultad de algunos de la comunidad para entender las palabras de Carrón. Para un hombre criado en el mundo soviético, explica el poeta bielorruso, el lenguaje es un instrumento de mando, el discurso de un sistema. «Pero Carrón no habla como nosotros estamos acostumbrados a oír hablar a una autoridad. El suyo es un discurso libre. Es como el balbuceo de un niño, donde está sucediendo algo en ese preciso momento».

A continuación, tres testimonios. Simona, de Moscú, habla de la amistad que ha nacido con el médico sirio ortodoxo Souleiman, que después de cinco años en Rusia a causa de la guerra ha vuelto a su Damasco llevando consigo la inscripción a la Fraternidad. Sigue en contacto con sus amigos de Rusia. Les cuenta cómo vive bajo las bombas. Les ha pedido ayuda para abrir una clínica al servicio de las necesidades de los que sufren la tragedia de la guerra.

Luego el relato de Irina, una importante filóloga de Moscú. Conoció el movimiento cuando acogió a una estudiante italiana. Nació una amistad que la ha llevado a participar vía skype en la Escuela de comunidad de la "comunidad volante". Por primera vez cuenta en público su dramática historia personal. A principios de los años ochenta, ella, esposa de un importante estudioso de Puskin, vio cómo su marido se tiraba por el balcón perseguido por la policía. La venganza del régimen también se abatiría sobre ella, que durante años no pudo dar clase en la universidad. Hoy se ve que, junto a amigos mucho más jóvenes, se siente como en casa. Entre gente en la que, por fin, puede confiar.

Anastasia, que pasó seis meses en Milán, cuenta su encuentro con el beato don Carlo Gnocchi. El capellán de los alpinos que pasaron justamente por aquí, a menos de cien kilómetros de Jarkov. Vivió la experiencia de la guerra, que contó en Cristo con los alpinos, durante la cual nació su vocación al cuidado de los más débiles, sintetizada en otro importante texto, Pedagogía del dolor inocente. En esta parte de Ucrania, a menos de 300 kilómetros de los campos de batalla del Donbas y con decenas de miles de refugiados, un santo católico parece ser una luz también para los ortodoxos.

Filonenko y Elena Mazzola, la visitor de Ucrania, se toman un momento para recorrer la historia de los últimos años, los que han llevado al nacimiento de esta "comunidad volante", y por qué, en un cierto punto, un grupo de ortodoxos rusos y ucranianos se pone a seguir un movimiento fundado por un sacerdote católico nacido en Desio. Es la ocasión de hacer una propuesta a los muchos que han venido por primera vez: la Escuela de comunidad, la caritativa, el fondo común.

La jornada concluye con una intervención de Franco Nembrini, gran amigo de la "comunidad volante": «Se ve que la amistad entre nosotros ha crecido tanto que se ha convertido realmente en una casa. Una casa donde todos estamos llamados a ser literalmente Memores Domini. Estamos llamados a recordarnos a Él dentro de la vida, delante del mundo».

El domingo, que coincidía con la fiesta de Todos los Santos para los católicos, fueron al pueblo de Timchinki, en medio de la inmensa llanura ucraniana. En la pequeña y elegante iglesia del padre Potapij, la comunidad de CL se reunió para celebrar la divina liturgia presidida por el obispo Ilarij, que en la homilía retoma el contenido de la Jornada de apertura de curso: Abrahán y el nacimiento del yo, y el desafío del testimonio de los cristianos en el mundo. Al final, en la sala de la parroquia, con las paredes pintadas con el logo de la Champions League, Daria, la mujer del padre Potapij, nos recibe con un riquísimo banquete que nos ha preparado. Se canta en italiano, ruso, bielorruso y un solista georgiano entona Torna a Surriento. Andreij regala a Nembrini un icono que muestra a don Giussani y el Metropolita Antonij abrazándose. Dice: «Esperando que ambos sean reconocidos como santos».

Los tres días terminan en la catedral católica de Jarkov con la misa celebrada por monseñor Stanislav Shytokoradiuk, obispo de la gran diócesis del este de Ucrania, que comprende las martirizadas ciudades de Donesk y Luhansk. Al final de la celebración, recibe a la comunidad. «¿Nos ayudará a hacer llegar una reliquia de don Gnocchi?», pregunta Filonenko con una sonrisa. «Si hace falta, escribiré al arzobispo de Milán».