Flores en el lugar de los atentados.

Cinco años después, Dios ha vuelto a mi encuentro

Luca Fiore

«Un compañero se ha acercado a preguntarme: "¿Cómo puedes reír? Has perdido a un amigo, estás esperando la fecha del funeral, ¿cómo puedes estar tan serena?. Entonces le he mirado y he respondido: “Sabes, hay Uno que ha vencido a la muerte. Y después de cinco años ha vuelto a mi vida para mostrarme que no hago yo la cosas, que no las salvo yo”».

Camilla nació en Bolonia hace 26 años. Trabaja en un local de París, el Candelaria, que ocupa el número 12 de los 50 mejores bares de cócteles del mundo. Vive en un apartamento encima de Le Petit Cambodge, uno de los restaurantes donde los terroristas atentaron el pasado 13 de noviembre. Esa noche ella no estaba en casa, sino con una amiga que vive a unos 20 minutos de distancia. El novio de su amiga las recogió y se las llevó fuera de la ciudad. Empezaban tres días que le cambiaron la vida.

Pero antes de contar cómo ha cambiado su vida, Camilla explica: «Llevaba cinco años sin querer saber nada de CL. Cinco años en que he ido a lo mío con muy buenos resultados. Ahora soy responsable comercial de un local importante, me he casado, tengo un hijo, me he divorciado por decisión propia...». Conoció el movimiento a los 16 años. A los 18 llegó a París para estudiar en la Sorbona. «Estaba en una situación personal catastrófica, totalmente perdida...». Fin de la premisa, empieza la historia.

«Al día siguiente de los atentados me llamaron por teléfono: "Tengo una mala noticia". En aquel momento me acordé de que entre los 350 mensajes de WhatsApp que había enviado y recibido, había uno que no había tenido respuesta: "Guillaume, ¿todo bien?"». Guillaume había muerto en la puerta de La Belle Equipe. Entonces sucedió algo que Camilla define como increíble: «Sentí un dolor terrible, pero acompañado de una paz sorprendente. De repente estaba delante de un hecho que no dependía de mí. Empecé a observar mi realidad en ese momento: estaba viva, ahí estaban mis amigos, llevaban dos días acogiéndome porque todavía era demasiado pronto para volver a mi casa. También era un hecho. Entendí que no yo soy quien decide cómo están las cosas y que tampoco soy dueña de ellas. Era un hecho. Entendí que algo hermoso estaba sucediendo en medio de todo aquello: no estaba sola». Después de pasarse dos horas llorando, Camilla salió de casa y, por las calles de una ciudad presa del miedo, fue a hacer la compra. Quería preparar una buena cena para ella y sus anfitriones.

Al día siguiente, domingo 15 de noviembre, llegaron a París los padres de Guillaume y le pidieron que les acompañara a llevar un ramo de flores al lugar de la tragedia. «Cuando llegamos allí pensé en los terroristas. Pero también en todo el mal que hago yo. Me sorprendí pidiendo misericordia, en primer lugar para mí. Se me hizo evidente que necesito una mirada de perdón para poder perdonar a mi vez. De no ser así, cualquier forma de perdón sería expresión de un buenismo inútil».

A Guillaume le encantaba la lengua italiana y adoraba a Dante. A la mente de Camilla acuden los versos del Canto primero del Infierno, cuando el poeta se halla presa del miedo ante el mal, las tres fieras. Entonces se gira y ve a Virgilio: «Piedad de mí, le grité / quienquiera que seas, sombra u hombre verdadero». «Entonces pensé: si yo puedo gritar "piedad de mí" es porque sé que hay Uno que pasó su vida haciendo el bien y que ya ha vencido mi mal. Solo por eso puedo pedir con certeza ser perdonada. Es algo que se me ha hecho evidente, pues de otro modo estaría pidiendo misericordia a la nada». Las calles estaban llenas de flores y carteles que decían: Même pas peur, sin miedo, o La valeur de la vie, el valor de la vida. «Yo miraba a esos padres y pensaba: es verdad, rechazamos el miedo. Pero hay más. Y es que toda esta tragedia ya ha sido salvada y a nosotros nos toca elegir el bien. Dios nos ha amado tanto que nos ha dejado libres para elegir cada día. Es mi batalla desde entonces: pertenecer a Aquel que ha vencido ya al mal. Es una batalla que libro conmigo misma».

El lunes volvió al trabajo, con sus compañeros y sus jefes. Camilla estaba dominada por todo lo que había aprendido ese fin de semana. «Pensaba en Guillaume, por supuesto, pero no podía dejar de decirles a todos que la vida es algo hermoso». Esa semana era su cumpleaños y llevaba tres años sin celebrarlo con sus amigos, pues no entendía que hubiera algo que celebrar. Esta vez organizó una fiesta a la que invitó a amigos y compañeros, entre ellos también a Silvio.

«Cuando llegué a París estaba sola. Tenía un montón de amigos, pero estaba sola. Un día me dieron el teléfono de Silvio, el responsable de la comunidad de CL aquí. Le llamé y me invitó a tomar un té. Me senté y me eché a llorar: "Mi vida ya no me basta". Me invitó a conocer a sus amigos, pero yo pasé. Resumiendo, Silvio es la única persona de la que he huido en estos años. Hui de él porque me reclamaba a ser leal conmigo misma. Pero después de ese fin de semana ya no tenía nada de qué defenderme, así que me dije: está bien, voy a llamar a Silvio. Ahora entiendo que necesito una mirada como la suya en mi vida. Y él vino a mi fiesta de cumpleaños porque quien te ama siempre está dispuesto a acompañarte».