La presentación de ''La bellezza disarmata'' en Roma.

Un nuevo inicio, un camino fascinante

Paolo Rodari

¿Cuál es el contexto en que vivimos hoy? ¿Dónde nos encontramos viviendo la fe?
El cardenal Jean-Louis Tauran, presidente del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso y camarlengo de la Santa Iglesia Romana, planteó estas preguntas durante la presentación en Roma de La belleza disarmata, el primer libro de Julián Carrón desde que guía el movimiento de Comunión y Liberación.
Preguntas que hoy resultan decisivas. Por otra parte, todo el libro de Carrón gira en torno a lo que ya es la evidencia de un contexto nuevo del que hay que tomar conciencia: «En un mundo pluralista, en el que el cristianismo y la concepción del hombre y de la vida que derivan de él se han convertido en una opción entre otras, estamos llamados a vivir la fe sin privilegios, incluso perseguidos», afirmó Tauran, citando una página del libro: «Vivimos en un mundo donde cada vez más a menudo asume forma legislativa una antropología totalmente opuesta a la que nosotros reconocemos como más humana, y que hasta no hace mucho tiempo todos compartían naturalmente, incluso los que no tenían fe cristiana».

Hace diez años moría don Luigi Giussani y Carrón asumía la guía de CL. Su libro, según Roberto Fontolan, director del Centro Internacional de Comunión y Liberación, habría podido ser la elaboración de un balance. Después de los primeros diez años, se cierra una página de su vida, hace balance de ella, y trata de abrir otra. «Pero Carrón no hace balances», afirmó Fontolan. De hecho, «una de sus palabras más habituales es camino: proceder, caminar… siempre. ¿Pero hacia qué? Giussani hablaba del atractivo del hecho cristiano». Aquí reside el sentido del libro: seguir, diez años después, caminando, continuar adelante. Con la conciencia de que el mundo en el que vivimos hoy es distinto a como era hace diez años, o cuando nació CL hace décadas.

«Europa busca su identidad y Carrón utiliza palabras convincentes para decir que su alma es el cristianismo», dijo Tauran: «Un cristianismo que ha modelado su
pensamiento: un pensamiento abierto a la trascendencia y a la razón
. En Europa se ha desarrollado el concepto de persona, de ser humano, y ahora precisamente un cierto modo de humanismo está destruyendo esta concepción. Por tanto, asistimos a una auténtica crisis de sentido que nos obliga a volver a las raíces de nuestra fe». ¿Cuáles son estas raíces? Lo dice bien Carrón en su libro, el hecho de que el cristianismo es un acontecimiento, no una doctrina, una ética, una costumbre ni un rito; el cristianismo es un acontecimiento, un hecho que antes no existía, en un momento preciso entró en la historia.
Pero, prosiguió Tauran, «nosotros formamos parte de este mundo de hoy, el mundo que Dios ama, pero si reconocemos que Dios actúa en cada hombre, no quiere decir que debemos homologarnos. A propósito de esto, me gusta citar algo que escribió hace años el arzobispo emérito de Bruselas, el cardenal Danneels: “El cristianismo en el mundo es como la trucha en un río de agua que corre veloz, siempre va contra corriente. La trucha permanece en el agua, se apoya en ella para avanzar hacia la fuente del torrente. Afronta los obstáculos como un trampolín para avanzar”. Sin duda, nadar contra corriente no quiere decir tratar de hacerse notar, sino vivir según una escala de valores, según las virtudes cristianas en la vida cotidiana». Y añadió: «Nos encontramos ante una crisis de la cultura. Estamos en el inicio de un nuevo mundo. Ante el derrumbamiento de las evidencias, ante la violencia indecible y la disgregación de la familia, la pregunta que plantearse ya no es “qué debo hacer” sino “quién soy yo”.

Luciano Violante, presidente emérito del Congreso de Diputados italiano, también quiso abordar las preguntas planteadas por Tauran. Lo hizo hablando de un mundo nuevo, un mundo atravesado por «un proceso general de deshumanización: nadie asume ya responsabilidad alguna. Al mismo tiempo, se vive como si ya no hubiera límites. Mientras que el límite es connatural a un ejercicio consciente de la naturaleza humana. Vivir sin límites es la antesala de la autodestrucción, es renunciar a la propia humanidad. Lo que no tiene límites no se puede conocer (Aristóteles). Por otro lado, Calvino decía que la vida es una continua relación entre límite y sentido del límite. Solo quien es consciente de su propio límite concibe la vida como tensión entre limitación y destino. Lamentablemente, el nuevo constitucionalismo vive de derechos nuevos por reconocer pero en total ausencia de deberes. Mientras que lo que mantiene unida a la sociedad es la conexión entre derechos y deberes. La ausencia de límite comporta disipación, desgaste de energías, de tiempo, de inteligencia. Estamos ante una deshumanización, ante la ausencia de límites, para rehumanizar nuestra vida hay que luchar contra el mal y pronunciarse». Violante también habló de CL, advirtiendo que no conoce a fondo al movimiento y que no forma parte de él, pero lo señaló como uno de los pocos sujetos capaces de construir hoy comunidades para los jóvenes. «Y eso hace mucha falta», dijo, «y es algo que los partidos políticos –lo digo con envidia– por desgracia no saben hacer».

Carrón también habló del tema de la libertad, diciendo que la libertad «sin límites» puede llevar a vivir sin responsabilidad y puede estallar en formas de
violencia: «La libertad se ha convertido en la medida de todo». Hoy existe una «libertad sin límites» que lleva a «querer cambiar continuamente».
Este tipo de libertad lleva a no confiar en nada. No en vano, asistimos a un «cansancio de Occidente» (Recalcati) y a un «cansancio de la política»
(Zagrebelski) que llevan a temer cualquier tipo de responsabilidad. «Este malestar existencial a veces estalla», continuó Carrón, citando los atentados de París o los casos de tiroteos en centros educativos de Estados Unidos. Pero «el primer origen del testimonio cristiano es la adhesión personal a la fe. Uno no puede decir a los demás nada de lo que no esté convencido, tal vez pueda hacerlo alguna vez pero no durante diez años», afirmó. «La libertad es el tema fundamental de hoy, la medida de todas las cosas». Porque existe «un poder que puede destruir o dañar, pero la belleza tiene un poder desarmado que atrae y salva». Entonces el camino consiste en estar en este mundo, no en huir. Y estar como recientemente indicó el Papa a CL: «El Papa Francisco ha pedido a Comunión y Liberación un nuevo inicio, un camino fascinante», concluyó
Carrón: «Como movimiento, nos ha reclamado a no reducirnos a adorar cenizas sino a salir de la autorreferencialidad».