Family Happening, en el centro de Verona.

Un amor del que nace una tarea

Francesca Mortaro

Doscientos voluntarios en el centro histórico de Verona. Todos con la camiseta naranja. Ellos son los que han construido el Family Happening. Una gratuidad que nace de un amor, como explica Mateo, secretario general de este evento: «Si tienes claro lo que quieres hacer, la tarea se hace menos gravosa y la responsabilidad más interesante». Se refiere al trabajo, a la vida cotidiana, también familiar y de pareja.

”Como un hermoso día: del amor, una tarea”. Es el título, tomado de una frase del escritor Albert Camus, que ha sido el hilo conductor de un fin de semana “largo” (desde la noche del jueves 10 al domingo 13 de septiembre), lleno de encuentros, exposiciones, talleres infantiles y espectáculos. «Este año ha habido dos aspectos que nos han provocado mucho», cuenta Dora Stopazzolo, presidenta del Family Happening: «Ante todo la crisis de la institución familiar, amenazada desde tantos frentes, a nivel cultural e institucional, no suficientemente protegido por las leyes, y la difusión de una mentalidad que quizá ya no cree en el valor de la familia. También nos hiere el peso con el que viven muchos jóvenes que han terminado sus estudios y tienen que afrontar las decisiones fundamentales de la vida: la familia y el trabajo. Ante todo esto nos hemos preguntado: ¿de qué acontecimiento, de qué hecho, de qué chispa puede brotar la energía necesaria para entrar en la realidad, para comprometerse con la realidad? Muchos se quejan de que los jóvenes son débiles, no tienen trabajo ni ideas, están enganchados a los teléfonos y a internet. ¿Pero qué puede hacerles volver a empezar?». Una pregunta para la que hemos encontrado un inicio de respuesta en los rostros llenos de alegría de los que han pasado por aquí. Voluntarios y visitantes, amigos que se encuentran, familias que comparten una vida cotidiana hecha de alegrías y fatigas. Todos en la calle, celebrando una belleza que es para todos.

Junto a las familias, también se han unido al Family Happening muchas asociaciones. «No estamos solos», explica Dora: «Aquí participa el ayuntamiento, el gobierno provincial, la Comisión de Familia, y sobre todo unos cuarenta grupos y asociaciones de voluntariado que se dedican a los niños, a los jóvenes, a las personas con discapacidad, a la acogida, a la adopción, a los mayores… Todos están aquí para ofrecer su contribución y mostrar que hay una vida buena.

Los protagonistas aquí son los niños. Para ellos se organizan talleres y juegos, muy divertidos pero también educativos. «Conocí el Family Happening hace tres años y me quedé impresionado por el espíritu de este encuentro, que era apoyar y ayudar a la familia», recuerda Andrea de la asociación Randa Club: «Exactamente lo mismo que había movido siempre a nuestra asociación. Por eso decidimos implicarnos y dar nuestra pequeña contribución».

Otro tema muy querido en este encuentro es el de la familia como
vocación
: la llamada a llevar adelante un proyecto basado en el amor entre un hombre y una mujer y en la acogida de la vida. Una gran tarea que debe ser sostenida por algo grande, como señaló Mattia durante el encuentro final, donde habló de su relación con su mujer, Anna, antes del matrimonio: «Al terminar el liceo, fui a estudiar a Milán, a la Universidad Católica, y cada vez me fui implicando más en la vida de la comunidad de Comunión y Liberación.
Empecé así a verificar la conveniencia, la belleza de la fe, en el estudio y en todos los aspectos de la vida. Poco a poco se fue delineando con más claridad en el trasfondo de sus jornadas una relación real e intensa con Cristo, que sustancialmente se convirtió, con la concreción de una compañía de amigos, en mi centro afectivo. El protagonista discreto pero real de mi vida cotidiana. Anna se dio cuenta de esto, porque aquella vida me atraía más que ella. Ella ya no era el centro de mi vida».

«Esto le hacía sufrir», continúa Mattia: «Se preguntaba: ¿me seguirá queriendo o será que ya no le intereso como antes? Pero con el tiempo, esta implicación total con Cristo y con la vida de mi comunidad acabó restituyéndomela también a ella. Empecé a descubrir realmente qué quería decir que ella es signo de Otro.
Así volví a enamorarme de ella, porque para mí se había hecho accesible, efectiva, la experiencia del signo. Todavía recuerdo perfectamente la noche en que por primera vez, mirándola a los ojos, sentí en el fondo del corazón una profunda conmoción diciendo Tú a Dios. Entendí qué significa que la fe cambia la mirada, que el otro es un don: hay una Presencia que me lo dona ahora, en este instante. Recuerdo que aquella noche me dije: una relación tan “tocada” por el Misterio, tan habitada por el Misterio, solo puede ser para siempre».

Un amor del que nace una tarea. La familia, la responsabilidad con los hijos, con el marido o la mujer, con la sociedad. Una tarea llena de operatividad y de vida, que requiere un sí cotidiano, estar frente a lo que la realidad nos pone delante día tras día. Como indicó Stefano Alberto al clausurar la undécima edición del Family Happening, leyendo la carta de Luca, padre de Giacomo, un niño de tres años que murió por una grave enfermedad: «En estos años siempre he oído cómo definían a estos niños como guerreros. A nosotros, Giacomo siempre nos pareció un niño que no luchaba sino que obedecía a lo que la vida le pedía. Afrontó ingresos que duraban meses siempre sonriendo y feliz. ¿Por qué era feliz aun estando encerrado en la habitación de un hospital? Porque a su lado estaban siempre su madre, su padre y sus abuelos, sus mayores afectos. Damos gracias al Señor por estos años en que nos ha permitido cuidar a Giacomo. Gracias porque con Giacomo se ha hecho claro, y lo hemos experimentado, qué significa la dependencia. Gracias porque con Giacomo hemos comprendido qué significa dejarse amar tal como uno es, sin hacer nada más. Por eso hemos elegido esta frase que tan bien le describe: lo importante en la vida no es hacer algo sino nacer y dejarse amar».