Don Giussani y el entonces cardenal Montini.

El «buen camino» de Giussani y Montini

Romano Guatta Caldini

«Pensemos en los años en que Montini y Giussani se conocieron. Eran años de gran estupor y maravilla. Pensemos en el viaje de Pablo VI a Tierra Santa, el abrazo con Atenágoras, para nosotros fue un espectáculo inolvidable, como si de repente, en medio de una noche oscura, el sol se pusiera a brillar». Así comenzó monseñor Luciano Monari, obispo de Brescia, su saludo a los organizadores del encuentro promovido por Comunión y Liberación con motivo del Año de Montini, titulado “Esa naturaleza que nos empuja a desear cosas grandes es el corazón.
Educar el sentido religioso en el pensamiento del beato Pablo VI y don Luigi Giussani”
, celebrado en el auditorio del Instituto dedicado a este pontífice de Brescia en su tierra natal. El Papa Montini tuvo que confrontarse con el «incipiente proceso de secularización» de la sociedad, con el ateísmo marxista por un lado y el laicismo burgués por otro: «Eran los años de la contestación, luego vinieron los años de plomo», recordó monseñor Monari, «años de angustia y miedo».

El ataque del secularismo, entre otros aspectos, sigue adelante aún hoy. Un ejemplo de la crisis actual lo presentó Giuseppe Bertagna, profesor de Pedagogía en la Universidad de Bérgamo. Con los datos en la mano, Bertagna ofreció las tasas de matrimonio en Milán: «Estamos en la media europea, 2,2 por cada mil habitantes. De estos, el 0,7 se celebra en la iglesia. Es como si el matrimonio religioso hubiera entrado en la UCI sin que nadie sepa qué hacer para reanimarlo». Esto es fruto de un proceso de degradación del cristianismo, cuyo origen Montini identificaba, como señaló Bertagna, «en la extrañeza de la cultura contemporánea hacia la fe cristiana», en el decaer «de la importancia decisiva de adherirse al depositum fidei, a la tradición eclesial», y por último en la falta de «profundización en la experiencia cristiana, sin que quede confinada a un espacio que la prive de toda relevancia pública». La crisis, como identificaban unánimemente Giussani y Montini, «hundía sus raíces más profundas en la falta de sentido religioso»; había que «reeducar a la mentalidad moderna para pensar en Dios» mediante un acercamiento racional y convincente a la religiosidad.

¿Pero cómo se puede responder hoy al ataque del secularismo sin tender a cerrarnos a la defensiva? La respuesta la ofreció en 1957 el entonces arzobispo de Milán, Giovanni Battista Montini, y don Luigi Giussani desde que en el 54 llegó al liceo Berchet. El primero respondió con una carta pastoral con motivo de la Cuaresma ambrosiana. El segundo, unos meses después, con la publicación de la primera versión de El sentido religioso. Detrás de sus palabras se escondía el secreto para afrontar los desafíos del presente:
hay que volver a partir del sujeto, del impacto del yo con la realidad, con la experiencia.

A estas conclusiones llegó Ezio Prato, profesor de Teología fundamental en el Seminario de Como. «Volver a partir del desafío del sujeto», explicó, «es un elemento genial: más urgente hoy que hace 40 años». ¿Qué es el “sentido religioso”? «Para Montini es una actitud natural del ser humano para percibir cualquier relación nuestra con la divinidad, es la apertura del hombre hacia Dios, es la inclinación del hombre hacia su principio y hacia su último destino». Para Giussani «el “sentido religioso” es una dote característica de nuestra naturaleza, que dispone al alma para aspirar a Dios, casi la hace tender a aferrar a Dios de algún modo».

Citando algunos pasajes de la biografía de don Giussani, Walter Sabattoli, responsable de la comunidad de CL en Brescia, se refirió al punto de inicio y fin de la relación entre Montini y Giussani, sus aparentes contradicciones y sus
coincidencias: «No comprendo sus ideas y métodos, dijo el arzobispo dirigiéndose a Giussani, pero veo los frutos y le digo que siga así».
Otra frase significativa se refería al último encuentro entre don Giussani y Pablo VI, pronunciada veinte años después, en 1975, en la misa del Domingo de Ramos, al término de la Jornada de la Juventud, ante 17.000 “cielinos”: «Ánimo, ánimo», fueron las palabras de Pablo VI, «para usted y sus jóvenes, porque este es el buen camino».