Chicago.

Un hermanamiento al otro lado del Atlántico

Giorgio Paolucci

Quién sabe qué efecto causa ver gente que camina en silencio, reza, canta, escucha textos religioso a la orilla del lago Michigan, en un parque de Chicago. Sucede desde hace unos años a principios de junio, coincidiendo con la peregrinación Macerata-Loreto, por iniciativa de un grupo de amigos del Movimiento que hacen este camino en memoria de santa Francesca Cabrini, una italiana que dedicó su vida a crear obras de caridad para los inmigrantes que a finales del siglo XIX llegaban en masa a Estados Unidos en busca de una vida mejor. La llaman la "santa de Chicago", porque decidió quedarse a vivir en esa ciudad, y allí murió en 1917. Escribía esto: «Es el momento de que el amor no se oculte, sino que sea operante, vivo y verdadero».

Urszula Lukaszuk quedó literalmente conquistada cuando, en 2012, le pidieron que se hiciera cargo de varios objetos de uso cotidiano de la santa durante un proyecto de conservación histórica en la empresa en que trabajaba. «Durante casi un año "invadió" literalmente mi vida, mi realidad de todos los días, activando un cambio en mí misma y en mis compañeros», cuenta Urszula. «Al terminar el proyecto, no quería "perderla" así que invité a algunos a ir juntos al santuario dedicado a ella en Chicago. Le propuse a una amiga hacer una peregrinación a pie, rezando conmigo, por el camino peatonal que hay alrededor del lago Michigan. Fue una experiencia tan bonita que decidimos seguir haciéndola todos los años, invitando a más gente. Luego unos amigos de Italia nos hablaron de Macerata-Loreto y vimos que las fechas de ambas peregrinaciones coincidían. Sorprendidos y agradecidos por la posibilidad de caminar con un pueblo tan grande como el italiano, pensamos en hacer un hermanamiento».

El gesto es sencillo y esencial. Se empieza en un parque junto al lago, en un barrio al sur del centro de Chicago, se reza laudes e intermedia, se leen textos del Papa de la Madre Cabrini y de don Giussani, alternándolos con momentos de silencio y meditación, hasta llegar al santuario dedicado a la santa, donde se celebra la misa. Sencillo y esencial: tal vez eso sea lo que más sorprende a los apasionados del jogging y la bicicleta que encuentran por el camino, y que suscita alguna que otra pregunta.

«No somos una estructura organizada», explica Urszula. «Todo nace del deseo que mueve a cada uno de vivir con Cristo y confiarle la vida entera. Con el tiempo se ha sumado más gente, este año vendrán amigos de la Fraternidad de otros estados. Empezaremos antes del alba y caminaremos más despacio para que puedan participar los que vienen con niños».

El año pasado, durante el camino nocturno de Macerata a Loreto, los peregrinos escucharon por los altavoces el mensaje que enviaron sus amigos desde el otro lado del océano: «Queridos amigos, nuestro hermanamiento es un signo de la misericordia y del amor de Cristo. Contemplamos nuestro gesto como expresión del deseo de unirnos a nuestros amigos de Macerata-Loreto y de la peregrinación a Czestochowa. En un camino en el que lo pedimos todo, en compañía de los santos». Giancarlo Vecerrica, obispo de Fabriano-Matelica, fundador y alma mater de Macerata-Loreto, respondió diciendo: «Es el mismo corazón que vibra en nosotros y en vosotros, para pedir a la Virgen lo que llevamos dentro y entregar toda nuestra vida a Jesús y a su Iglesia».

El sábado 6 de junio este hermanamiento se repetirá, con el mismo título para los dos gestos: "Acariciados por la misericordia", citando el encuentro con el Papa en la plaza de San Pedro el 7 de marzo. Entre las miradas sorprendidas de los deportistas que corren a la orilla del lago Michigan y la de los habitantes de la campiña italiana de las Marcas por donde pasa una riada interminable de peregrinos italianos.