La primera página del folleto publicado en noviembre de 1969

«Comunión es liberación». 1969, el nacimiento de un nombre

Hace cincuenta años, en la Universidad Estatal de Milán, se difundía un documento que daba nombre al movimiento que estaba creciendo en torno a don Giussani. Así cuenta ese episodio la biografía de Savorana

En noviembre de 2969 comenzó a circular por la Universidad Estatal de Milán un panfleto ciclostilado con una cabecera extraña: «Comunión y Liberación» y un titular igualmente inusual: «Construir la Iglesia es liberar al hombre».

Pier Alberto Bertazzi, uno de los protagonistas de aquel inicio, recuerda: «La cosa parecía funcionar, al menos para nosotros. Nos sentíamos como si continuara la experiencia del movimiento que habíamos comenzado en el colegio». Los universitarios decidieron, entonces, pasar del ciclostil a unas «cuartillas» impresas. Pero el nombre tenía que ser más directo. «Me vino a la mente que queríamos hablar de dos cosas: la liberación, o sea, la aspiración que compartíamos con todos; y la comunión, o sea, lo que según nuestra experiencia podía realizar esa liberación. Comunión/liberación, las dos cosas que sostener». Bertazzi se preguntó si no podía ser aquel el nombre, pero a la mayoría le pareció una fórmula demasiado fuerte para un boletín universitario. Una tarde del otoño de 1969, en la vía Bagutta, sede de la Jaca Book, discutió de ello con Sante Bagnoli, responsable de la casa editorial y uno de los más estrechos colaboradores de Giussani. «Al final él también dijo que podía ir bien. Y él era editor de oficio, así que se aprobó el nombre».

Después de algunos meses se imprimieron tres números de aquellos folletos, uno rojo y dos azules. De nuevo cuenta Bertazzi: «Había grupillos de amigos nuestros en muchas facultades y todos empezaron a usar aquel título junto al símbolo (protocristiano) estilizado del pez (íχθúς) también para los manifiestos, avisos, etcétera». Sin haberlo programado, Comunión y Liberación empezó a convertirse en un signo de reconocimiento. «De hecho, fueron los demás los primeros en empezar a llamarnos los de los grupos de ‘Comunión y Liberación’, refiriéndose a nuestros impresos», subraya Bertazzi.

Pocas semanas después de la difusión del primer folleto en la Estatal, aquella extraña fórmula apareció también en la Universidad Católica. Es el cardenal Giacomo Biffi quien cuenta el hecho. En 1969 era párroco en Milán; preocupado por la situación intraeclesial, se digo a sí mismo: «¿Será posible que el Espíritu Santo haya abandonado a su Iglesia?». Recuerda que «todo se deshacía, no surgía nada». En aquellos meses Biffi escribió un pequeño libro, Alla destra del Padre; tuvo dificultades para encontrar editor, hasta que Vita e Pensiero (la casa editorial de la Universidad Católica) lo aceptó: y así, al entrar en el edificio de la universidad en diciembre de 1969, Biffi vio expuesto un dazibao titulado «Comunión y Liberación», con algunos principios y la invitación a reunirse para quien estuviese interesado. Para Biffi fue una sorpresa: «Como un rayo de sol después de un cielo absolutamente plúmbeo. No sabía que detrás estuviera Giussani, lo supe después. Creo que fue ese precisamente el día en que nació, de las cenizas de la vieja GS, este nuevo movimiento llamado ‘Comunión y Liberación’».

Agosto 1968. Algunos alumnos de la Católica, la Estatal y la Politécnica de Milán, amigos de don Giussani, en un encuentro sobre la presencia universitaria

Aquel grupito de universitarios tenía un punto de apoyo en la sede del Centro Péguy, en la vía Ariosto 16. Alguno de ellos pegó por fuera del local en el que se reunían el cartel firmado «Comunión y Liberación». Y un día –Bertazzi lo recuerda perfectamente– durante una reunión en el Péguy, los ojos de Giussani se fijaron en aquel papel: «Esto es, nosotros somos el nombre que se han dado los universitarios», exclamó mirándolo. Y continuó: «Porque la comunión es liberación».

Queda por preguntarse cómo fue posible que, en medio de la turbación que afectó a todos durante los hechos del 68, empezara a tomar cuerpo una respuesta. A todos los jóvenes con los que se encontraba en la Católica y que le preguntaban: «¿Qué respondemos?», «¿Qué debemos hacer?», Giussani les decía un poco provocadoramente: «Pero vosotros, ¿sentís que amáis menos que vuestros compañeros contestatarios la libertad del hombre, la liberación de la vida, sentís menos que ellos el deseo de una justicia auténtica?». Y ellos respondían que no, pero que precisamente por eso estaban en crisis.

En aquella situación los universitarios y Giussani se decían: «También nosotros queremos la liberación del hombre y de la sociedad, más que ellos probablemente, porque nosotros anunciamos al mundo a Cristo, que ha venido a liberar realmente al hombre». Para Giussani la respuesta que había que dar a los demás era esta: «Cuanto más edifiquemos la Iglesia, más contribuiremos a la verdadera liberación del mundo, corrigiendo continuamente la utopía general». Y para no dejar espacio a ningún malentendido con respecto a sus intenciones, subrayaba que la respuesta a la provocación de la contestación era: «Multiplicar […] la comunidad cristiana», porque «esta es nuestra aportación a nuestros hermanos los hombres, abiertos a valorar incluso cualquier acento infinitesimal que la intuición de otros nos muestre, dispuestos a colaborar con cualquier hecho que, a la luz de la fe, nos parezca justo».

El 9 de noviembre de 1969 Giussani participó en una reunión estudiantil. Título del encuentro: «Grupos de estudio de universitarios y bachilleres». Daba noticia de ello un folleto ciclostilado de cinco páginas. En un momento determinado, intervino y precisó: «El grupo de estudio, en cuanto que analiza la situación, no puede aislarse del fenómeno comunidad cristiana del ambiente considerado enteramente».

Giussani aclaraba que «una teoría sobre la situación, […] una verdadera lectura de las necesidades solo puede nacer de compartirlas, […] en caso contrario se trata de una lectura apriorística», dictada «por las teorías de moda». Para Giussani el único a priori teórico y práctico es la comunión cristiana: «Compartir las necesidades es la única forma de leerlas, pero la lectura sería una realidad mundana si no parte de la tradición cristiana. […] El inicio de la presencia en el ambiente no es el ambiente, sino algo previo. […] El anuncio no viene de nuestra inteligencia a la hora de dirimir las cuestiones; está antes, es algo que nos es dado y dentro de lo cual nos encontramos, algo de lo que partimos continuamente». Algo que está antes: este es el contenido del reto que lanzaba Giussani. Sabía que iba a contracorriente respecto a la tendencia general, que quería primero el análisis y que subrayaba la urgencia de actuar.

Para Giancarlo Cesana, en esa época estudiante de medicina en la Universidad Estatal de Milán (luego profesor universitario), Giussani volvía a proponer en aquella borrascosa encrucijada el cristianismo en su naturaleza y fuerza originales, con un «planteamiento experimental» que afrontaba a cara descubierta objeciones y resistencias.

Cesana provenía de una experiencia de izquierda. Un motivo personal hizo que se removiera todo en él: «Me había enamorado, pero ella no me correspondía. Entonces me dije: ¿cómo es posible? Estoy haciendo la revolución para cambiar el mundo y lo único que quiero no lo tengo. ¿Dónde está la justicia?». En ese preciso momento se topó con Giussani, de manera extraña: «Había ido a ver a un amigo que estaba de vacaciones con los jóvenes de su parroquia; […] después de haber viajado toda la noche, me encontraba en una gran carpa que servía de comedor […]. Estaba muy cansado, sentado de forma distraída a una mesa donde había una grabadora y, no sabiendo qué hacer, apreté un botón». De aquella grabadora empezó a salir la voz ronca de alguien que decía: «‘¿Cuáles son las primeras palabras con las que Jesús empezó su misión?’ Silencio. El tipo de la voz ronca repitió la pregunta; y una voz respondió: ‘Dijo: Amaos’. […] ‘No, porque no le habrían comprendido. Para explicaros qué es lo que dijo Jesús cuando empezó su misión, […] me remito a una experiencia de ayer por la noche. Anoche bebí un vino estupendo, un Barolo. ¿Qué se hace para comprender si un vino es bueno?’ Respuesta inmediata del grupo: ‘¡Hay que beberlo!’. ‘Eso es, […] Jesús empezó así. A los que le preguntaban: pero ¿tú quién eres?, no les respondió: Yo soy el Hijo de Dios, mi madre me ha concebido virginalmente’». Cesana cita el sentido de las palabras que había escuchado, «‘No respondió esas cosas, no habrían comprendido, sino que les dijo: Venid y veréis. Y ellos fuero y estuvieron con él toda la tarde hasta la noche, y experimentaron y vieron que aquello era bueno para ellos. Así es como empezó Jesús».
Escuchar aquellas palabras, toparse con este «planteamiento experimental de la experiencia cristiana, fue como la caída de un velo […] el disiparse de una niebla». Recuerda: «Inmediatamente me informé de quién era el señor que hablaba, y me dijeron que era don Giussani».
Aquel encuentro introdujo en la vida de Cesana una transformación radical: «Con él nos vimos obligados a repensarlo todo. El modo de juzgar, de intervenir, el lenguaje… Desde este punto de vista ha sido una experiencia riquísima».

Era una revolución de la que Giussani habló a los adultos del Centro Péguy el 26 de noviembre de 1969: «El punto en el que presenta batalla de forma radical el planteamiento cristiano a cualquier ideología es la persona». Y esto porque «la resolución definitiva del problema del mundo pasa a través de la relación Dios-individuo, es decir, pasa a través del fenómeno de la persona. La persona es el punto sobre el que baja el rato divino para desbaratar o para poner en orden el terremoto del mundo». Por eso «el futuro más justo y más sano se realiza en el cambio de la persona. Es el concepto cristiano de conversión». Y señalaba dos factores que no había que perder de vista: la oración y la amistad.

De la oración Giussani decía que es «el tiempo en el que la persona toma conciencia, reconoce, acepta y grita a ese aguijón divino que penetra en su existencia, y por eso solo de ella puede derivarse una acción real, indomable, inagotable, aunque nadie te comprenda, aunque las cosas no vayan como habías pensado. Nadie te puede parar. Te hace estar seguro frente al universo, seguro de Otro».

En cuanto a la amistad, la novedad que precisamente en aquellas semanas estaba dando sus primeros pasos, le permitió a Giussani lanzar una advertencia: «No boicoteemos este término, como normalmente hacemos, alterando su valor auténtico», porque la amistad es «la relación que te recuerda la presencia que ha entrado dentro de ti, como si se hubiera desatado toda la energía atómica del universo».

Y concluía con cierta amargura: «Nosotros, amigos míos, después de tanta compañía tenemos que reconocer que estos son los dos factores que no tenemos. Tenemos de todo, pero no estos dos factores, porque el primero es personal y el segundo es absolutamente personal». Y sin embargo solo «desde esta personalidad que no podemos quitarnos de encima ni confiar a otro, puede nacer toda acción verdadera que cambia la sociedad, la historia y el mundo», una acción que «no llega a convertirse en presunción», sino que está «llena de un optimismo enérgico que los demás llaman sueño, locura o ilusión; pero desde hace exactamente dos mil años hay gente que vive, construye y comprende cada vez más que esta que algunos llaman ilusión, es realmente el factor que domina desde dentro, impertérrito, la historia».

Al final de una reunión del 17 de diciembre de 1969 se dijo por primera vez el siguiente aviso: «El grupo de Comunión y Liberación invita a todos los universitarios a reunirse inmediatamente después aquí delante de la sala». Esto indica claramente que el grupo de los universitarios seguía a la realidad del Centro Péguy y que el movimiento se estaba reconstruyendo en torno a Giussani. Enseguida añadió el propio Giussani: «Os ruego que leáis el manifiesto que ha hecho el grupo de universitarios de Comunión y Liberación con motivo de la Navidad». A sus ojos, CL era ya una realidad identificable.

(de Alberto Savorana, Luigi Giussani. Su vida, pp. 444-448, Encuentro)