Lagos

Nigeria. Una flor inesperada

En una de las metrópolis más pobladas del mundo, la experiencia de la pequeña comunidad de CL. Las elecciones políticas, el sufrimiento de los cristianos y la provocación del movimiento. Entre nuevos encuentros y "viejos" amigos que vuelven
Luca Fiore

Lagos, con sus 16 millones de habitantes, es la ciudad más poblada de África. Según un informe de The Economist de 2018, es la segunda ciudad menos habitable del mundo. Y en los últimos años la situación ha ido empeorando. El país, Nigeria, está viviendo la peor crisis política y económica de las últimas décadas. Y, para más inri, en vísperas de las últimas elecciones presidenciales la persecución contra los cristianos por parte de etnias musulmanas se ha agudizado.
En esta situación vive una pequeña comunidad de CL de unas decenas de personas. Y, justo en estos meses tan complicados, han visto un despertar inesperado. «Ver a Cristo vencer en mi vida y en la vida de la comunidad vale más que todas las dificultades por las que estamos pasando», cuenta Barbara Pepoli, gerente de la ONG Loving Gaze y responsable del movimiento en este país.

Este relato empieza en las últimas semanas del año pasado, cuando Barbara propone cancelar una convivencia que desde todos años se hacía durante las vacaciones de Navidad. «Todo el mundo esperaba ese momento pero, viendo ciertos signos, me daba la impresión de que se había convertido en una costumbre, algo automático, para tapar el drama de la vida», cuenta. «Decidí desafiar a todos interpelándoles sobre cuál era el sentido de nuestra amistad y de nuestro estar juntos. Me dije que tal vez el silencio ayudaría más que la costumbre». No hubo convivencia, pero era como si los amigos, a los que aquella decisión no había gustado, no entendieran la provocación. No obstante, en los meses siguientes, tímidamente, a partir de ese malestar, empezaron a nacer ciertos diálogos y preguntas. Mientras tanto –recuerda Barbara– llegó un mensaje de Julián Carrón a los miembros de la Fraternidad de CL, donde relanzaba la pregunta sobre las razones de nuestra pertenencia. «¿Te ayuda a vivir? ¿Perteneces libremente? ¿Sigues pagando el fondo común?». También a raíz de esto, nuevos diálogos y nuevas preguntas.

En vísperas de las elecciones presidenciales, el ambiente de tensión que se vivía en el país se reflejaba también dentro de la comunidad. Algunos apoyaban el Gobierno, porque la continuidad es un bien para el país, otros deseaban un cambio. Mientras el país se divide en dos, los cristianos mueren, a menudo víctimas de ataques terroristas, en los que también fallecieron familiares de personas de la comunidad de CL. La visita de Rose Busyngye, enfermera y fundadora del Meeting Point de Kampala (Uganda), y visitor de la comunidad de CL en Nigeria, les ayudó a levantar la mirada. «Si el presidente es bueno, ¿qué beneficio gano con eso? ¿Acaso puede darme el respiro por la mañana cuando me despierto? Y si es malo, ¿acaso puede impedirme ser feliz? Nuestra felicidad no depende del presidente justo, del marido justo... Todo lo que sucede es un tobogán hacia el Misterio». La enfermera de Kampala no les prometió que las cosas se arreglarían, que Jesús vendrá a resolver los problemas de Nigeria. «Durante la asamblea, hizo hincapié en los mártires», cuenta Barbara, «que son personas cautivadas por la Belleza, los que saben a Quién pertenecen».

Jóvenes de la comunidad de CL de Lagos

Los Ejercicios de la Fraternidad de mayo fueron un punto de inflexión. «Muchos de nosotros llegamos cargados de preguntas que la vida nos iba poniendo delante», cuenta Alda Gemmani, directora médico de la St. Kizito Clinic en el slum de Jakande. «Serios problemas de trabajo, las dificultades económicas que se agudizan, la imposibilidad de vivir en la metrópoli, la dificultad a atravesar la ciudad para verse, las tensiones políticas que no cesan, los que se han mudado a Abuya y no puede asistir a los gestos del movimiento. No obstante, en muchos era evidente la espera de volver al origen, de uno mismo y de las cosas. Esta pregunta nos ha permitido vibrar frente a la claridad y radicalidad del anuncio recibido. Y ha permitido que nos diéramos cuenta del tesoro que es la preferencia de la que somos objeto gracias a esta compañía. Una flor en el desierto».
En la casa de retiro donde se celebran los Ejercicios había también una mujer no católica que está haciendo su "camino" personal. Sintiendo curiosidad por lo que estaba sucediendo a su alrededor, empezó a hacer preguntas y pidió participar en la asamblea final. Después de una semana volvió a ver a sus nuevos amigos: «Estaba deseando volver a veros».
Roland, que hace poco se ha mudado a Abuya por trabajo, después de unos días también pidió poder seguir, desde donde vive, las asambleas mensuales con Carrón. También Tete, que está en Port Harcourt, pidió lo mismo. El padre Gómez, que hace años conoció el movimiento y ahora es rector de un seminario de la diócesis de Abeokuta, cien kilómetros al norte de Lagos, tras los Ejercicios, pidió a Barbara empezar una Escuela de Comunidad con sus seminaristas porque, dijo, «deseo que sean libres y felices, que gocen de la misma amistad que yo tengo con vosotros».

El movimiento en Nigeria nació hace 30 años pero, en los últimos tiempos, algunos adultos han dejado de participar en los gestos. El trabajo, la familia, las decepciones por sus expectativas. Sin embargo, todos piden seguir en el chat de WhatsApp para recibir los avisos de la Escuela de comunidad. «Hay una desproporción entre los que están en el chat y los que van a nuestros encuentros. Es como si la gente se quedase mirando desde el balcón», explica Barbara. Sin embargo, en un momento dado, casi de la nada, algo empieza a moverse. Será que la vida se vuelve cada vez más complicada, será que el tiempo desenmascara la insuficiencia de los intentos de cada uno, o serán esos mensajes en el chat, que horadan como gotas de agua en la piedra. «Rubén, por ejemplo. Durante unos años no ha ido y, por iniciativa propia, ha empezado un grupo de Escuela de comunidad en su casa. Y con él, otros adultos han empezado a volver. En cada asamblea con Carrón, vía satélite, veo aparecer por lo menos a uno más de los "viejos"».

Por la izquierda: Alda, Alba, Guido y Barbara

Pasan dos semanas de los Ejercicios y la Escuela de comunidad de Lagos se reúne para ver el video de la asamblea con Carrón en casa de Guido, importante directivo de una multinacional italiana que lleva seis años en Nigeria y dentro de poco volvería a Italia. «Envié el aviso al grupo de WhatsApp pidiendo confirmar la asistencia», cuenta Barbara. «Empezaron a llegar confirmaciones una tras otra. Me dio la impresión de que se debía realmente a la experiencia vivida en los Ejercicios». Entre los que confirman su asistencia, está también un amigo que no venía desde hace ocho años. «Hola, soy Tony, yo también deseo participar. Os he echado mucho de menos. ¿Puede ir también mi hermano?». A quien le pregunta por qué ha vuelto, Tony contesta: «Me encanta cantar y cuando dejé de ir a los gestos de CL, iba a cantar a los locales de karaoke. Me lo pasaba bien, pero me faltaba algo. No vivía esa intensidad, esa forma de cantar con alguien para Alguien. Tenía nostalgia de esa belleza».

En la fiesta de despedida de Guido había 50 personas. Después de una noche de videos y cantos, escribía a sus amigos: «Nunca me habría imaginado que tendría que ir hasta Nigeria para descubrir qué es la experiencia del movimiento. En las dificultades de todos los días, en este contexto tan complicado, me he dado cuenta de que la amistad con algunos ha sido un ancla que me ha ayudado a no perderme. No soy capaz de explicar con palabras lo que he visto y lo que veo, pero os puedo garantizar que deja una huella inmediata y que no puede no quedarse en el corazón. Me ha impactado a mí pero también a mis compañeros a los que he invitado a algunos de estos momentos juntos». Y concluye: «Mientras comíamos la tarta, me acordaba de la canción Alecrim, la flor de campo que nace sin que nadie la haya plantado. Ha nacido (o ha vuelto a nacer) algo también en mí en estos años, sin que lo haya buscado o sin que alguien lo haya tenido que plantar. Simplemente ha nacido mirando a los amigos que tenía alrededor y la belleza que nos rodea».

Viejos amigos que vuelven. Los amigos "de siempre" que vuelven a despertar. Todo sucede en el mismo periodo, de manera misteriosa. Un don, un Alecrim. Después de la fiesta en casa de Guido, Alba Gianferrari, que trabaja en el Consulado italiano de Lagos, decía a sus amigos: «A veces, Cristo parece un bordador silencioso, trabajando en tu vida un día tras otro».