Julián Carrón

¿Hay esperanza? La fascinación de un descubrimiento

Adelanto de los dos primeros capítulos del libro, en proceso de edición, que recoge los contenidos de los Ejercicios espirituales de la Fraternidad de Comunión y Liberación (16-18 de abril de 2021)
Julián Carrón

CAPÍTULO 1
«PEOR QUE ESTA CRISIS,
ES SOLAMENTE EL DRAMA DE DESAPROVECHARLA»

«Peor que esta crisis, es solamente el drama de desaprovecharla». Estas palabras del papa Francisco urgen a una toma de conciencia de lo que nos ha sucedido, de lo que hemos vivido de un año a esta parte.

1. El impacto con la realidad

Para afrontar este desafío, que no ha permitido a nadie quedarse indiferente, nos propusimos desde el principio una hipótesis de trabajo, contenida en una frase de Giussani: «Un individuo que haya tenido en su vida un impacto débil con la realidad porque, por ejemplo, haya tenido que esforzarse muy poco, tendrá un sentido escaso de su propia conciencia, percibirá menos la energía y la vibración de su razón». Siguiendo a Giussani, nos invitamos por tanto a «vivir siempre intensamente lo real», sin censurar nada ni renegar de ello. Una cosa es no poder ignorar o esquivar el golpe de la circunstancia, y otra bien distinta es vivirla descubriendo la provocación que trae consigo.
Con esta hipótesis que verificar, incluso una situación insidiosa como la que ha generado el Covid podía llegar a ser, de forma paradójica, una oportunidad para incrementar nuestra autoconciencia, muchas veces oscurecida, y para percibir con una potencia mayor la energía y la vibración de nuestra razón; es decir, podía convertirse en una ocasión para despertar nuestra humanidad como conciencia, razón y afecto.

¿Qué es lo que ha pasado? Después de más de un año, ¿qué ha sucedido en nosotros y a nuestro alrededor?
Muchas personas han hablado de dos fases, dos rostros de nuestra experiencia ante la pandemia que se corresponden con las dos olas de difusión del virus. La segunda ola, observaba Antonio Scurati, «nos ha pillado tan poco preparados, tan inmaduros como la primera, pero más cansados, abatidos, irascibles y mezquinos». Como si no hubiésemos sabido aprovechar cuanto había sucedido en la primera fase para crecer, para acrecentar nuestra conciencia y para que se hiciera más profunda la consistencia de nuestra persona. Se intuye por todo lo que ha aflorado en el curso de la segunda ola: un sentimiento mayor de fragilidad, la difusión de la incertidumbre y de la ansiedad, signos que indican, como ha observado Massimo Recalcati, que «el verdadero trauma no es con respecto al pasado, sino al futuro». La segunda ola, «al destruir la ilusión de retomar la vida en la que todos habíamos creído, […] ha dilatado el horizonte de la pesadilla. El segundo tiempo del trauma es más traumático que el primero, porque muestra que el mal no se ha agotado y está todavía vivo entre nosotros. Las esperanzas alimentadas por el verano se han quebrado. Esta desilusión es el sentimiento que prevalece hoy»...

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